Eran dos mundos enfrentados y que no ocultaban su animadversión. Los modernos de La Movida contra los progres. Los primeros pensaban de los segundos que eran unos aburridos, y estos que los otros eran unos sin sustancia ni capacidad crítica. El drama estaba servido.
La incomprensión fue tal que, a día de hoy, todavía seguimos hablando sobre estos dos movimientos culturales que, en realidad, pretendían lo mismo: desentumecer a una España que salía del coma provocado por 40 años de franquismo. Joaquín Sabina fue de estos progres que aborreció todo lo que venía del Rockola, el pop más fresco y la modernidad performativa. Y nunca ha ocultado su antipatía.


Joaquín Sabina representaba la música con crítica tan propia de finales de los 70, que a los modernos de La Movida les parecía un aburrimiento
GTRES
“La antítesis de La Movida”
“Era la antítesis de la Movida. Joaquín siempre ha querido ser un mariachi”, dijo de él uno de los amigos que mejor le conocen, El Gran Wyoming en el documental ‘Pongamos que hablo de Sabina’. El presentador de ‘El Intermedio’ empezó en el mundo de la música antes de convertirse en un destacado showman. Fue entonces cuando conoció al de Úbeda.
En los 80, Wyoming, que había estudiado medicina por presión familiar (en casa todos eran farmaceúticos), empezó a hacer pequeñas actuaciones y conciertos en los que satisfacía sus ansias artísticas. Fue así como conoció al que, durante años, fue su compañero de escenarios, el Maestro Reverendo. Este músico daba la casualidad de que era un buen amigo de Javier Krahe, la primera persona con la que Sabina empezó a poner melodía a sus letras.


El Gran Wyoming también formó parte de la escena musical de los 70 y los 80. Fue así como conoció a Joaquín Sabina
Aquella fue la época de La Mandrágora, el espacio para artistas de su tipo en los que nunca encajaron ni Alaska ni Pedro Almodóvar, algunos de los principales exponentes de la movida madrileña. Sabina, junto a Krahe solía llenar este sótano situado en la Cava Baja, del barrio de La Latina.
Desprecio por los modernos
Fue la época de darse a conocer, de cantar ‘Pongamos que hablo de Madrid’ y de demostrar que, en Madrid, no todo era desfase con pelos de colores y tachuelas. También podía ser desfase con camisetas de rayas y barbas.


Los modernos tenían clarísimo que el otro movimiento musical les despreciaba. Se lo hacían saber constantemente. Una realidad que Alaska puso de manifiesto con estas declaraciones realizadas en el programa ‘La mañana de Federico’. “Esta generación siempre nos despreció. Esa es la verdad. La generación un poco más mayor, todo lo que era el mundo más pop lo despreciaba profundamente”.
Y no había nada más pop que cantar “horror en el hipermercado, horror en el ultramarinos”. Pero para Alaska, que su música no encajara con determinado sector de la cultura no suponía un gran problema. Entendía que no compartían público y que cada uno tenía claro cuáles eran sus intereses. “Sabina es muy libre de escribir lo que quiera. Y además, es coherente con lo que él ha sido, con las músicas que le gustan, con el cine que seguramente le gusta… No le gustábamos a nadie. Nosotros teníamos la conciencia de lo que pensaban de nosotros. No me sorprendió en su momento y no me ofende lo más mínimo”.


Una chica Almodóvar
Dijo Wyoming de su amigo de Jaén que “lo políticamente correcto no va con él”. Nunca ha ido. Ni fue en los 80, ni en los 90, ni ahora tampoco. Esta manera de ser ahora está de plena actualidad porque Pedro Almodóvar ha puesto sobre la mesa lo poco que le gustó la canción que Joaquín Sabina le dedicó a él, a su cina y, sobre todo, a sus musas, las llamadas ‘chicas Almodóvar’. Para el manchego, el tema publicado en 1992 y que hace referencia a Carmen Maura, Victoria Abril o Bibiana Fernández, fue una canción repleta de ironía y de dobles sentidos soterrados.
“En la canción decía ‘como la Bibi o como Miguel Bosé’, ya estaba llamándole a Miguel Bosé maricón. Ese tipo de cosas como de segundo término… ‘Un poquitín lista y un poquitín boba’, ya estaba dejando de tonta a Carmen Maura. Había un poquito de mala leche debajo, que él diría que es crítica social… claro, pero que a mí no me hizo ni puñetera gracia”, contó el director de cine el podcast ‘La pija y la quinqui’.


De toda esta polémica, el ubetense guarda silencio. Todo lo que tenía que decir sobre La Movida ya lo dijo en su día. Los otros tampoco le guardan rencor. Con los años, nunca han llegado a entenderse ni a comulgar con lo que defendían los otros; pero han conseguido hacer algo mucho mejor: comprender que ambos movimientos fueron importantes y que cumplieron un destacado papel. De una manera o de otra, llevaron de la mano a la España tímida, miedosa y cabizbaja a la modernidad. La hicieron salir de su casa, oscura, con las persianas bajadas y sin paso de aire; y la llenaron de ideas nuevas, libertad y valentía. Cada uno a su manera si, pero, al final, con el mismo objetivo.
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