Cuando Joaquín Sabina despertó en el hospital tras sufrir un ictus, a los pies de su cama le aguardaban las tres mujeres clave de su vida. Una era Isabel Oliart, madre de sus dos hijas; otra, Jimena Coronado, su actual pareja; y la tercera era Cristina Zubillaga.
Cristina Zubillaga. Es probable que, así leído, su nombre no te diga nada; pero, si le ponemos música a su ruptura más famosa, quizás la ubiques mejor. “Me dejó el corazón en los huesos y yo de rodillas, desde el taxi y haciendo un exceso, me tiró dos besos. Uno por mejilla”. Esta modelo mallorquina es la mujer a la que el flaco de Úbeda le dedicó ‘19 días y 500 noches’.


Cristina conoció a Sabina cuando trabajó como modelo en Madrid
Atresmedia
Una mujer discreta
El tema es un verdadero himno al desamor que todos, en mayor o menor medida, hemos cantado en nuestros momentos de máxima miseria amorosa. Pero detrás de los reproches, de los agravios y del duelo se escondió una historia que, durante muchos años, permaneció en secreto y no se hizo pública hasta el 2020.
Fue entonces, en pleno año de la pandemia, cuando, por primera vez, Cristina tomó la palabra. Estas declaraciones tuvieron lugar en el documental de Atresplayer ‘Pongamos que hablo de Sabina’, que gira en torno a la figura del cantautor, y para el que entrevistaron a algunos amigos íntimos de este como Ana Belén, El Gran Wyoming, o Almudena Grandes. Pero, sin duda, el testimonio de Zubillaga era el plato fuerte del proyecto, puesto que, en todo este tiempo, ella había guardado silencio.
Hasta entonces, solo sabíamos de ella lo que el propio Joaquín había dicho en alguna entrevista “me dejó en plena cena. Entre la sopa y el postre”, pero no aportó más información al respecto. Sus amigos por supuesto que la conocían; de hecho, hasta su primera mujer sabía de su existencia. Y lo sabía porque fue estando con ella cuando Joaquín empezó a salir con la mallorquina.


Cuando Sabina empezó a salir con Cristina, estaba casado con su primera mujer y madre de sus dos hijas, Isabel Oliart
GTRES
La “antimodelo”
“Yo era la antimodelo. Éramos un grupo de amigas modelos que no nos cuidábamos mucho, trasnochábamos… y teníamos un grupo de amiguitos intelectuales, gente del cine…”. Y de la música, porque fue así como, a finales de los 80, se cruzó en la vida del poeta que ya arrasaba en La Mandrágora junto a Javier Krahe.
Tuvo que ocurrir de noche. Y en un bar. No podía ser de otro modo. En esa época, ella se definía como “una loquita”, que cuando salía de fiesta, muchas veces se perdía del resto de sus amigas. Y fue así como se cruzó con el artista. “En una de esas aparecí sola en Amnesia. Estaba sola en un rincón tomando una copa. Vi a Joaquín y se acercó porque yo creo que le acosé un poco mirándole y me dijo: ‘¿Quieres tomar una copa?’. Le dije que sí y así siguió todo”.


Cristina contó que se conocieron en un after, donde él la invitó a una copa
Atresmedia
Estuvieron juntos varios años. Un tiempo en el que hicieron de todo, hasta viajar a Cuba para conocer a Fidel Castro. También vivieron juntos en la casa a la que Sabina, una vez que este se hubo separado de la madre de sus hijas, se trasladó. En aquel piso, tal y como recuerda la exmaniquí, se daban algunas de las fiestas más trasnochadas de la capital.


Las fiestas en casa del artista eran constantes, y eso cansaba a Cristina
Encuentros en los que uno podía toparse con cualquiera, desde Krahe al crítico de cine Carlos Boyero. “Yo quería matarlo porque la casa estaba siempre llena. Me levantaba y, de repente, me encontraba con gente que no conocía. Menos mal que siempre he sido muy presumida e iba muy arregladita”.
“No le abandoné como se abandonan a unos zapatos viejos”
Y todo empezó por un arresto domiciliario. En aquella entrevista, Cristina no solo habló por primera vez de su relación con el poeta, sino que, además, hizo público el arresto que este tuvo cumplir. “Creo que todo empezó por el arresto domiciliario de un mes que vivió Joaquín, algo que no sé si se sabe. Fue una Nochebuena por una fan que le dijo algo y él la golpeó por accidente”. Tras esa detención en su propia casa, Sabina empezó a llenar su salón de todo aquel que lo necesitara y tuviera interés. “Su casa era el after de Madrid. Media ciudad tenía la llave del piso de Sabina“.


Sabina vivió la ruptura de muy mala manera y creyó que le habían abandonado “como a unos zapatos viejos”
Gtres
Pero llegó un punto en el que la modelo empezó a cansarse del caos y de aquella vida de farra sin fin. Necesitaba orden y necesitaba volver a Mallorca. “No le abandoné como se abandonan a unos zapatos viejos”, dice todavía molesta con el verso que le dedicó el jiennense. Vivieron la ruptura de un modo muy diferente. Ella considera que avisó, que dejó claras las cosas. Pero Sabina lo debió de ignorar todo, por eso lo sintió como si la separación hubiese tenido lugar de la noche a la mañana, de ahí que se sintiera abandonado, “como un perro de nadie ladrando a las puertas del cielo”.
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