el rey Aterrizó en Bermudas el jueves por la noche, recién bajado –o tan fresco como cualquiera podría estarlo– de un avión procedente de Estados Unidos, y una visita de estado de cuatro días con Donald Trump.
Había pasado el vuelo releyendo sus notas informativas y bajó del avión ansioso por ponerse en marcha. Recibido por Andrew Murdoch, gobernador de las Bermudas, el Rey tocó su reloj y saludó a los medios que lo esperaban con un alegre: “¡Lo lograron!”
Cuando el anochecer se convirtió en oscuridad, lo llevaron desde el aeropuerto a la Casa de Gobierno, donde se hospedaría, mientras afuera llovía.
A lo largo del camino, a pesar del clima, Bermudas curiosos había salido para echarle un vistazo. El Rey, satisfecho, bajó la ventanilla del coche para poder saludar.
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