* La autora forma parte de la comunidad de lectores de La Vanguardia
Comparto con los lectores esta imagen tomada el fin de semana en las inmediaciones de la Catedral de Barcelona, en el corazón del Barrio Gótico barcelonés donde es frecuente escuchar música de muy diferentes estilos.
El arte callejero es un fenómeno habitual en las grandes ciudades, a menudo pasan desapercibidos pero su ausencia colmaría de un gran silencio nuestro día a día.
Cantantes de renombre como Louis Amstrong o Bob Dylan reconocen en sus biografías haber comenzado a cantar en la calle, el asfalto es un escenario de sueños para los que empiezan y unas tablas inagotables para quien termina, no hay límite, no hay un género concreto, ni un instrumento determinado.
Una simple canción, un solo de saxofón, una melodía de arpa como la de la imagen, cualquier expresión nos evoca con unas notas una sonrisa o un recuerdo.
La regularización de la música sigue siendo una asignatura pendiente por parte de las entidades y músicos, cada vez son más los espacios disponibles pero cada vez más crece también la demanda de artistas, estaciones de metro o cualquier esquina es buena para expresarse y, por qué no, alegrar el día a los transeúntes.

Músico tocando el arpa junto a la catedral de Barcelona.
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