© Marco Borrelli
Erika Grimaldi: “Estoy muy feliz de retomar el rol de Amelia en Mahón”
La soprano Erika Grimaldi regresa a los escenarios españoles para cantar el rol de Amelia en Un ballo in maschera de Verdi, en el Teatro Principal de Mahón. En ocasión de estas dos representaciones en Menorca, conversamos con la cantante italiana para conocer mejor su actual repertorio y sus recientes compromisos.
Tiene por delante dos representaciones de Un ballo in maschera de Verdi, interpretando el rol de Amelia. Creo que es la segunda vez que afronta este rol.
Así es. La primera vez que canté el rol de Amelia fue en Zúrich, en diciembre de 2024, con Gianandrea Noseda. Fueron diez representaciones, con lo que tuve ocasión de profundizar en el personaje, a pesar de tratarse de un debut. Por eso agradezco tanto esta ocasión en Mahón para volver a cantar este personaje. Además, es muy especial poder cantar estas representaciones en el Teatro Principal de Mahón, considerado creo el teatro de ópera más antiguo de España; es una auténtica bombonera, un espacio maravilloso, con una acústica muy cómoda para los cantantes.
Mi impresión con el rol de Amelia es que Verdi se adentra ya con ella en un terreno más dramático, aunque sin renunciar al lirismo que marca sus grandes páginas en solitario.
Sin duda. No es un rol fácil de cantar precisamente por eso. Por un lado hay partes más líricas y por otro hay páginas más dramáticas. Es un rol para una soprano lírico spinto, pero debe cantarse sin olvidar que se trata de una mujer noble, con una fuerte carga del deber moral pesando sobre sus acciones. Es una mujer que sufre, realmente atormentada, pero todas sus intervenciones son conmovedoras, entre otras cosas por el vínculo con su hijo. Es un personaje muy humano.
La dramaticidad del rol, vocalmente hablando, no es trágica; se trata más bien de un padecimiento interior que motiva sus decisiones. En su expresión pública es una mujer muy medida, prudente, de ahí que vocalmente toda su escritura sea bastante central, adornada por supuesto con algunas notas agudas que culminan frases de amplio legato. Pero insisto, todo desde un gran refinamiento. Sus dos arias, por ejemplo, son de una elegancia evidente, por más que la primera albergue algo más de oscuridad, por el miedo que ella dice sentir en esa escena.

Recuerdo que una de las primeras veces que escuché hablar de usted fue en ocasión de su actuación en el Festival de Perelada, allá por el año 2014, en un recital junto a Piotr Beczala. Desde entonces, ¿cómo diría que se han desarrollado su voz y su carrera? Imagino que la voz habrá ganado en consistencia y quizá también en dramatismo.
Seguramente, sí, pero sobre todo por la experiencia y por todo lo aprendido en estos años. En realidad la voz apenas cambia; yo siempre digo que las cuerdas vocales son dos y son siempre las mismas. Los que cambiamos somos los cantantes, nuestra comprensión de la voz, cambian nuestras vidas, cambia nuestro cuerpo… Yo por ejemplo en este tiempo he tenido dos hijos y todo eso trae consigo una cierta madurez.
Empecé mi carrera haciendo un repertorio de soprano lírica pura y a día de hoy estoy afrontando, poco a poco, papeles de mayor calado dramático, más centrales, pero siempre dentro mi vocalidad natural. La tradición es a veces muy peligrosa y nos trae el recuerdo de ciertas voces asociadas a determinados roles; y la tentación de imitar al pasado siempre está ahí pero eso a veces implica forzar los medios vocales que uno tiene.
Revisando su agenda más reciente me ha sorprendido el hecho de que debutó Madama Butterfly hace apenas unos meses, en Chile, el pasado julio de 2025. Imagino que abordar un rol tan icónico dentro del repertorio para cualquier soprano fue un punto de inflexión importante en su trayectoria.
Efectivamente, hablamos de un auténtico capolavoro. Madama Butterfly, en mi opinión, es una obra que no se puede cantar siendo demasiado joven. Más allá de las exigencias vocales, es un rol que requiere una madurez interpretativa y emocional muy particular. Creo que hacen falta ciertas experiencias vitales para poder hacer justicia a este rol, que además es vocalmente muy exigente, no ya por ningún pasaje en concreto, sino por el hecho de estar casi todo el tiempo en escena.

También recientemente ha debutado con Il trittico de Puccini en el Kennedy Center de Washington como en el Carnegie Hall de Nueva York, con Gianandrea Noseda a la batuta. En su caso, si no me equivoco, creo que asumió los tres roles para soprano, en cada una de las tres óperas que integran el tríptico pucciniano.
Sí, fue una experiencia excepcional. Il trittico no se hace completo tan a menudo, requiere evidentemente un elenco muy amplio. En mi caso fue muy emocionante afrontar el reto de cantar los tres roles para soprano, tan diversos entre sí. Para mí el reto fue mayor si cabe porque en Washington se interpretó Il trittico en versión de concierto, de modo que estuve todo el tiempo en el escenario. Espero tener la ocasión de volver a cantar estos títulos pronto, sería estupendo poderlos retomar.
Finalmente, ¿qué proyectos destacaría de su agenda por venir? Creo que tiene previsto debutar por fin en el Metropolitan de Nueva York.
Sí, este verano tengo por delante mi segunda Butterfly, esta vez en versión de concierto, en Auckland, donde ya hice mi primer Trovatore hace algunos años. En otoño estaré en el Teatro Regio de Turín con una nueva producción de Iris de Mascagni, una obra que casi nunca se programa y que me hace muy feliz poder interpretar por primera vez. Y por delante tengo, efectivamente, mi debut en el Metropolitan de Nueva York, una cita muy emocionante y que llevaba tiempo esperando. Estoy muy contenta de debutar allí con La bohème que es precisamente la ópera con la que inicié mi carrera en Turín y seguramente la partitura a la que me siento más ligada, el título que más he cantado a lo largo de mi trayectoria.

Fotos: © Marco Borrelli | Erika Grimaldi lleva exclusivamente vestuario de Eleonora Lastrucci
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