Hay amistades que se sostienen en la admiración. Otras, en la costumbre. Y luego están las que, además de sobrevivir al tiempo, crean algo único. La de Benjamín Prado y Joaquín Sabina pertenece a esa rara categoría en la que lo personal y lo profesional se confunden hasta volverse inseparables.
Son amigos desde hace décadas, sí, pero también cómplices literarios, aliados nocturnos y compañeros de una forma de entender la escritura en la que cada palabra importa demasiado. Esto último es lo que ha vuelto a quedar claro tras el paso de Benjamín Prado por ‘La Ventana’, en la Cadena SER, donde acudió para presentar sus memorias, ‘Qué estoy haciendo aquí’. Y en ese recorrido por su vida personal y literaria, era inevitable que apareciera Sabina.


Luis García Montero, Joaquín Sabina y Benjamín Prado.
Una bronca que terminó en canción
Benjamín Prado y Joaquín Sabina no solo comparten afinidades evidentes como la poesía, el rock, la noche y la ironía, sino también una manera muy concreta de trabajar. Una manera casi obsesiva siempre, que más de una vez ha terminado en bronca. Prado la ha contado ya en libros como ‘Romper una canción’ o ‘Incluso la verdad’, donde abrió la trastienda de sus colaboraciones con el cantante y mostró hasta qué punto escribir juntos implica discutirlo absolutamente todo.
De todas las anécdotas que Benjamín Prado ha compartido sobre Sabina, hay una que resume mejor que ninguna el tipo de relación que mantienen: “Nunca nos hemos peleado por un ‘royalty’, pero por un adjetivo, muchas veces”. La fuerte discusión que ha recordado en ‘La Ventana’ tuvo como escenario un estudio de grabación y contó con la compañía de Leiva. “Sé que en un momento determinado estábamos encerrados en un estudio de grabación matándonos porque no nos poníamos de acuerdo”, ha contado Prado.


Joaquín Sabina, Benjamín Prado y Leiva.
En medio de aquella discusión feroz apareció Leiva, asomando la cabeza con una prudencia casi cómica para intentar mediar: “Chicos, ¿no podríamos llegar a algún tipo de acuerdo?”. La respuesta de Sabina: “¡Pero que no veas que estamos a punto de darnos de hostias! ¿Qué acuerdo?”. Y, sin embargo, lo más extraordinario vino después. Porque aquella pelea no terminó en ruptura ni en silencio. Terminó en una canción nueva.
Prado llevaba en el bolsillo unos versos que no habían entrado en el disco, y Sabina, ya desarmado tras la tormenta, soltó: “Como eres un cabrón, seguro que son cojonudos”. Leiva propuso grabar. Y grabaron esa misma noche. Así nació una canción que, según Prado, conserva en la voz de Sabina el rastro de todo lo vivido: “Se le nota la noche, las copas, y yo creo que hasta la pelea“.


Joaquín Sabina y Benjamín Prado en una charla en el Instituto Cervantes.
Una relación donde nadie se ofende
Lo más llamativo de este vínculo creativo es que está sostenido sobre una brutal honestidad. Prado lo ha explicado en otras ocasiones con una naturalidad que quizá solo se permite entre amigos muy íntimos: “Somos personas tan cercanas que hasta yo a él le puedo decir en un momento determinado que ese verso es una mierda y él a mí, ni te digo”.
Puede sonar feroz, pero en realidad es una declaración de confianza. La frase tiene una lógica aplastante: para escribir algo bueno hay que atravesar mucho material malo. “Una canción como un poema, como cualquier cosa que escribas, escribes muchas tonterías y entre 500 tonterías una mola”, resumió Prado.
Ahí está también una de las claves de su admiración por Sabina: no lo trata como a un mito intocable, sino como a un escritor de carne y hueso que se somete, como todos, a la prueba del descarte y del error.


Benjamín Prado es uno de los compositores estrella de Joaquín Sabina.
GTRES
Los discos que marcaron una época
La colaboración entre ambos ha dejado ya varias estaciones fundamentales. ‘Vinagre y rosas’ fue la primera gran alianza a gran escala, nacida además de un contexto sentimental muy concreto: un desengaño amoroso de Benjamín Prado que Sabina convirtió en materia prima para encerrarse con él en un hotel de Praga y escribir canciones.
De esa combustión salieron piezas como ‘Tiramisú de limón’ o ‘Cristales de Bohemia’. Después llegó ‘Lo niego todo’, donde volvieron a unir fuerzas junto a Leiva, y más tarde ‘Un último vals’, una carta de despedida para la gira final del cantante. Todo eso ha alimentado una imagen muy precisa de ambos: Sabina, “un cantante que siempre quiso ser poeta”; Prado, “un poeta que siempre quiso ser rockero”.


Benjamín Prado tiene varias anécdotas con algunos de los mejores escritores de la historia reciente.
GTRES
Su amistad con grandes escritores
La entrevista en ‘La Ventana’ no giró solo alrededor de Sabina. También permitió asomarse al propio universo de Benjamín Prado, que en sus memorias recuerda con asombro haber comenzado a escribir en una época en la que todavía convivían nombres enormes de la literatura española e hispanoamericana. Cuenta, por ejemplo, que podía terminar un día cenando con Gabriel García Márquez y otro con Julio Cortázar.
Y evoca con especial cariño su encuentro adolescente con Rafael Alberti, cuando con apenas 17 años se atrevió a decirle que ‘Sobre los ángeles’ no estaba mal, pero que a él le gustaba más ‘Sermones y moradas’. Alberti, lejos de ofenderse, le preguntó la edad y acabó invitándole a un gin-tonic. También habla de Mario Vargas Llosa, a quien define como “una persona deliciosa” pese a sus diferencias ideológicas. “Con él era un placer no estar de acuerdo”, ha contado.
‘ Este Articulo puede contener información publicada por terceros, algunos detalles de este articulo fueron extraídos de la siguiente fuente: www.lecturas.com ’








