Como contamos el pasado martes, el Círculo de Escritores de Baleares retoma el breve camino iniciado hace año y medio… O puede que más. Y lo hizo a través de una cena celebrada la pasada semana, a la que asistieron menos escritores de los apuntados al Círculo, aunque entre ellos había algunas incorporaciones nuevas que, además, llegan dispuestas a aportar ideas, algo más que necesario.
No asistió a la cena, pero…
No asistió a la cena, pero sí estuvo hablando previamente con Patricia Chinchilla, uno de los motores del Círculo, Lucía Duque, escritora colombiana afincada en Mallorca desde hace años y autora del libro Invierno en la sabana. Aparte, es creadora de Alondra, un proyecto nacido con el fin de dar visibilidad al Arte sumergido de las Letras y la Pintura, iniciativa que ya está dejando una huella significativa y que la señala como una persona capaz de aportar ideas. Así que la localizamos, nos citamos, nos sentamos en torno a una mesa y le preguntamos, con la intención de que aportara propuestas que pudieran enriquecer el Círculo y hacerlo más vivo, participativo y abierto.
Propuestas… por si interesan
«Creo firmemente en lo dinámico y transformador que resulta vincular a escritores noveles con quienes ya llevan camino recorrido –nos dijo nada más comenzar a hablar–. Escuchar sus voces, me refiero a los primeros –matiza–, acompañar sus pasos iniciales y darles espacio en nuestras actividades, no solo los impulsa a ellos, sino que también nos renueva a todos. Sus miradas frescas traen preguntas nuevas y nos recuerdan por qué empezamos a escribir».
Eso por una parte, me refiero a lo de incorporar gente nueva al proyecto, «y por otra –añade–, sería muy valioso abrir la ventana a otras latitudes, o lo que es lo mismo, escuchar ideas y experiencias de escritores de otras ciudades, incluso de otros países, lo cual nos permitirá ampliar la perspectiva, conocer formas distintas de contar y entender que la Literatura no tiene fronteras. Del mismo modo, si profundizáramos también en el legado de grandes autores que han dejado testimonios y obras escritas con maestría, eso nos daría raíces y nos inspiraría a cuidar el oficio con excelencia».
Dicho lo cual, propone: Fomentar talleres de escritura creativa y poesía, tanto para adultos como para jóvenes. Espacios prácticos donde se experimente, se corrija con respeto y se celebre el proceso de escribir; programar encuentros literarios periódicos que alternen lecturas, conversatorios y presentaciones de libros de miembros del Círculo y de autores invitados; invitar a conferenciantes de otras ciudades, e incluso de otros países, ya sea de forma presencial o virtual, a fin de enriquecer el diálogo y tender puentes con otras comunidades literarias y ampliar el Círculo hacia lo multicultural, dando cabida a voces de distintas procedencias, generaciones y estilos. La diversidad es lo que hace a la literatura más rica y representativa.
Otras voces a tener en cuenta
«Estoy convencida –apostilla– de que, con líneas de trabajo similares a estas, el Círculo puede convertirse en un punto de encuentro cada vez más vibrante, donde el aprendizaje, la creación y el intercambio fluyan con naturalidad».
Porque ella, realmente, a través de una gestión organizada y gracias a personas que saben cómo hacer realidad los objetivos marcados, además de haber realizado una serie de gestiones en casales de cultura, bibliotecas y hoteles, ha conseguido que Alondra sepa crear espacios para la divulgación del Arte y la Literatura.
También habrá que escuchar al recién incorporado Miguel Ángel Mudoy, antes que escritor, empresario de largo recorrido y, por tanto, hombre con ideas, y como escritor muy creativo, pues es autor de varias novelas y ensayos, aparte de contar con buenos contactos.
Y lo mismo pensamos de Sonia Valenzuela, mujer ilustradísima, muy intelectual, autora de una tesis sobre fray Junípero Serra, a la que el departamento de Cultura del Ajuntament de Petra tendría, cuando menos, que echar un vistazo.
En fin… Que la unión hace la fuerza, elementos –unión y fuerza– fundamentales para sacar adelante un proyecto como este. Porque también se cuenta con un editor, Adrés Cárdenas, de Editorial Rapitbook.
A quién corresponda
Pasando a otro tema, os adelantaba yo la otra tarde la mar de contento tras haberme encontrado en las escaleras del templo ortodoxo de Sant Miquel (Santa Catalina de Siena) una cartera con bastante dinero y documentación, y… ¿Que qué hice?, os preguntaréis… Pues que, tras preguntarle a dos señoras que estaban sentadas en ellas, si habían visto a alguien por allí, y al decirme que sí, que había estado un hombre, que se había ido en dirección de Avenidas, y entendiendo que seguir su ruta era absurdo, pues no le conocía, me acerqué a la plaza España y entregué la cartera con su contenido a uno de los dos policías locales que prestan servicios en ella. Pasa que cuando estábamos en esta, apareció el hombre que según nos dijo había regresado a la escalera y preguntó a las señoras si había visto una cartera, al decirles estas que yo la tenía y que había ido a la plaza de España a entregárselas a la policía, pues que para la plaza de España se fue, donde nos localizó, se identifico y recuperó la cartera, dándonos las gracias.
Tras dejar la plaza España, como digo, fui feliz hasta llegar a la plaza del Olivar, donde la realidad me puso con los pies en el suelo: un cantante callejero, que estaba recibiendo la ovación de algunas personas sentadas en las terrazas de los bares que hay en ella, ve como se le acercan dos policías locales, que hablan con él y… Pues que a los pocos minutos los policías se van, el hombre mete la guitarra dentro de la funda, y sin pasar el sombrero por su auditorio, se va también. ¿Qué ha pasado?, me pregunto, pues solo he visto, pero no he oído… Así que me acerco al cantante y le pregunto… «Ha pasado que han venido los dos policías a preguntarme si tengo el permiso del Ajuntament para cantar en la calle, y al decirles que no, me han dicho que me tenía que ir, de lo contrario me multaban y… Pues que me voy».
«Pues ya sabe –le digo–, vaya mañana al Ajuntament, y en el departamento correspondiente, pida uno». Y me contesta: «Es que si voy a pedirlo –dice, resignado–, no me lo dan. Desde hace tres años, el Ajuntament no da esos permisos».
Ambas partes cumplieron
Aquí cabría escribir que, con la cantidad de chorizos y maleantes que andan sueltos por la ciudad –y manteros vendiendo cuándo y dónde les viene en gana– va la policía e impide que ese buen hombre cante en la calle, y que si no obedece, multa… Pues no voy a decir eso, sino todo lo contrario. Porque ambas partes cumplieron, sí: los policías avisando, y el cantante, advertido de lo que le podía suceder si seguía cantando, sin tener permiso, largándose del lugar.
Por eso, en este caso, quién sí tendría que responder es el Ajuntament de Palma. Responder a por qué no da permiso a los artistas callejeros.
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