La formación que tuvo en el CUT (cuatro años y medio, de lunes a sábado, todo el día) le dejó dos cosas que hoy agradece: la disciplina y el carácter. Lo que la madurez le fue sumando es priceless, es el permiso de soltar. “Ahora confío en mis herramientas y no me martirizo si algo me sale mal”, cuenta. Cuando era más joven sentía que cada proyecto iba a ser su única oportunidad. Hoy sabe que es una carrera larga “de resistencia”, repite, y que la ansiedad no le suma velocidad, solo le quita disfrute del presente.

(César Larenaudie)
Pamela mide alrededor de 1.80 y, aunque su estatura es parte de su sello, no siempre fue así. En sus inicios, esos centímetros de más le cerraron más de una puerta. “Me he enterado de muchos proyectos en los que los productores decían: ‘Pamela estaría increíble para el papel, pero es muy alta.
“’Con el tiempo aprendió a habitarse, a moverse diferente, a entender que lo que antes se leía como un problema podía convertirse en presencia escénica. Esa misma filosofía la aplica a su trayectoria. Ella no carga con el peso de los “qué hubiera pasado si…”, ni los papeles que tomó ni los que dejó pasar le generan arrepentimiento. “Nunca me he arrepentido de todo lo que he tenido la fortuna de interpretar”, dice con seguridad.

(Fotos César Larenaudie)
Jan Toussaint, su novio de tres años y gran productor musical, ha sido un apoyo incondicional para ella. “Él no es actor, lo cual valoro muchísimo”, comparte la actriz, refiriéndose a la paz que siente al saber que cada uno disfruta su propio mundo sin invadir el del otro, al revés, lo entienden y lo respetan.
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