Xavier Folch, jubilado, es miembro de la Coral Cantiga y director de la Coral Vent del Nord de los Lluïsos de Gràcia. Es también una de las 600 personas que cantaron este miércoles en la Sagrada Família durante la misa que dio en la basílica el papa León XIV. De esos 600, medio millar, unas 300 mujeres y 200 hombres, fueron expulsados del templo justo después de que cantaran el Virolai y antes de que empezara la bendición de la Torre de Jesús y el espectáculo musical y pirotécnico, con la recreación de Gaudí con drones que ha dado la vuelta al mundo.
Solo los 100 niños de tres corales que participaron en el acto pudieron salir al exterior portando luces para seguir actuando ante el Papa. Con lo que quedó un espacio vacío imprevisto, el que tenían que llenar los 500 desalojados, que también tenían que llevar esas luces, y por lo tanto formaban parte del espectáculo musical y del lumínico. Pero al final no pudieron vivirlo en directo, no vieron el espectáculo. Los desalojados, fueron llevados al exterior de la basílica y quedaron, dice Folch, “enjaulados” entre el templo y las vallas policiales, de manera que no pudieron moverse de allí hasta que acabó el espectáculo.
Las ‘esteladas’
¿Por qué sucedió todo eso? Porque la policía detectó que alguien había introducido en las partituras ‘esteladas’, banderas independentistas catalanas, e instrucciones para que los cantantes cantaran ‘Els Segadors’ al final del acto, si así lo deseaban -el escrito añadía este detalle. Folch no tiene idea de quién fue ni de cómo pudo lograrlo, porque, cuenta, los controles de seguridad que tuvieron que pasar al entrar en la Sagrada Família, a las cuatro de la tarde, fueron muy exhaustivos.
Pero el caso es que alguien lo consiguió: “Alguien entró partituras que se transformaban, había ‘estelades’, también una figura de Gaudí, algunos símbolos LGTBI y feministas. Pero la mayoría eran ‘estelades’. Creo que la mayor parte lo tenía en las carpetas. Nos habían dado una carpeta negra con bastantes páginas, cerca de 60. El que se tomó la molestia de incluir las partituras falsas lo hizo en carpetas negras que eran iguales”.
El ensayo, la sospecha
“Creo que el miedo a que pasara algo llegó en el ensayo del lunes. Cuando acabó el Virolai, algunos lanzados empezaron a cantar ‘Els Segadors’, y 600 personas los siguieron. Fue espectacular. Allí solo estábamos nosotros, gente de la organización y servicio de orden. Debieron de explicarlo”. Folch cree que el antecedente fue decisivo para que la vigilancia se extremara con el Pontífice dentro de la Sagrada Família. Porque eso pasó.
“Había servicio de orden de la Sagrada Família, gente con la camiseta roja, y seguridad privada. De repente, alguno vio a un cantante enseñando la ‘estelada’ al de al lado, y aumentó el número del personal de seguridad. Empezaron a revisar carpetas. Entre las seis y media y las siete, encontraron dos o tres más. Iban sobre todo a por los más jóvenes. Vinieron hacia mi grupo, preguntaron a uno si llevábamos ‘estelades’, dijo que no y no nos revisaron”, relata Folch. “Antes de empezar la misa, se quintuplicó el control sobre los cantantes. Muchos se quejaban, sobre todo mujeres, que se sintieron intimidadas. Había barreras de gente vigilando. Nos miraban los de la seguridad privada y los de la Sagrada Família, y detrás había Policía Nacional de paisano”, prosigue.
“Empezamos a cantar el Virolai, y a la mitad una persona de seguridad se acercó al director (Pere Lluís Biosca), le dijo algo a la oreja se lo llevó. Y cantamos la segunda parte del Virolai sin director. Cuando acabamos, nos empezaron a hacer bajar por dos escaleras. Pasamos por un sótano y unos almacenes, bajamos por una escalera de caracol y nos sacaron fuera, donde quedamos enjaulados, entre la Sagrada Família y los Mossos”. Y entonces sí se escuchó el himno catalán: “Cuando vimos que no podíamos ni avanzar ni retroceder, cantamos ‘Els Segadors’ y ‘La Santa Espina’ y la gente gritaba “¡Qué vergüenza!” y algún “¡Fuera las fuerzas de ocupación!”. Los 500 desalojados no pudieron ver en directo, cómo esperaban, el espectáculo final.
‘Playback’ en la bendición
Entretanto, ante la fachada del Nacimiento, se escuchaba el número final, la pieza ‘Torre de Jesús’, de Daniel López Pradas. Solo se veía a los 100 niños, pero se escuchaban voces de adultos también. Como precisa Folch, a las “voces blancas” de los menores se unían las “voces mixtas” de los adultos que en realidad no estaban allí.
A efectos de la canción no se notó, porque esa parte ya se había grabado y los cantantes tenían que hacer ‘playback’ mientras se escuchaba por megafonía: en el exterior era inviable por el sonido y la distancia entre los intérpretes que se actuara como pasó dentro. Folch, por cierto, subraya que la actuación de los coros en la Sagrada Família “fue espléndida”. Aunque no tuvo un final feliz.
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