Así, el meteórico ascenso de Gil Mora dentro del futbol ha estado acompañado del apoyo y la guía de su papá, dentro y fuera de la cancha. Es en ese entorno familiar donde nos encontramos con él: llega acompañado de sus padres, quienes —visiblemente orgullosos— lo felicitan por haber sido reconocido dentro de nuestra lista Quién 50, los personajes que transforman a México.
Hay algo que se percibe de inmediato al conocerlo: con apenas 17 años, Gil muestra una madurez poco común para alguien que vive el sueño de cualquier chico de su edad. Camina con calma, escucha con atención y parece siempre concentrado en algo concreto.

(Jessica Furlong / QUIÉN)
—¿Viste jugar a tu papá? —le pregunto mientras montamos el equipo de fotografía para la sesión en la cancha del Estadio Caliente.
—Estaba muy chiquito, pero sí. También he visto videos. El del tiro libre con el que se salvaron —responde con una sonrisa.
El futbolista sensación confiesa que este es su primer shooting de este tipo: sin uniforme ni compañeros de equipo. Solo él y su lado más personal. Aun así, lo toma con naturalidad. Cuenta que cada vez está más acostumbrado a la prensa y sorprende la serenidad que transmite.
La impresión no es exclusiva de quienes lo conocen por primera vez. Sebastián Abreu, actual técnico de Xolos de Tijuana, convive con él todos los días y considera que gran parte de lo que hace diferente a Gilberto no ocurre dentro de la cancha.

(Jessica Furlong / QUIÉN)
“Es un caso totalmente excepcional, atípico. Se da muy pocas veces en una edad de adolescencia. Lo afronta con una madurez extremadamente responsable, consciente, con compromiso, profesionalismo, dedicación y pasión, sin perder sus valores ni sus prioridades en la vida”, explica.
El técnico uruguayo destaca que, además de las horas que dedica a su preparación física, Gil mantiene sus estudios y conserva una disciplina poco común para un futbolista de su edad.
“Todos estos valores y virtudes tienen mucho que ver con la casa, con sus papás, con la formación que recibió. No deja de asombrar las actitudes que tiene”, agrega.
Cuando hablamos de su presente, no duda: lo que más lo mueve es poder hacer lo que ama. Los más de 27 mil aficionados que se dan cita cada quince días para verlo jugar, lejos de representar presión, son un impulso.
“Me siento muy feliz de poder hacer lo que me gusta y ahora que lo hago con un estadio lleno, me pone muy feliz y contento”.
Esa parece ser la constante en Gilberto: nada estridente, nada exagerado; solo la satisfacción de un joven que entiende lo afortunado que es y decide vivirlo con calma. Al hablar de convertirse en inspiración para niños más pequeños, vuelve a la misma línea:

(Jessica Furlong / QUIÉN)
“Me pone muy feliz, orgulloso de lo que he hecho. Poder ser un ejemplo para esos niños me pone muy contento”.
Ahora, con el Mundial 2026 a la vuelta de la esquina, Gilberto tiene claro que la afición será una pieza fundamental para alcanzar los objetivos que se han planteado como selección nacional.
“Agradecido porque siempre están ahí apoyándonos pase lo que pase. Ese día no será la excepción; vamos a dar todo en la cancha para que estén orgullosos de nosotros”.
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