El cantautor clásico de la música española, Víctor Manuel, que hoy cumple 78 años, también fue un joven que soñaba con abrirse camino en la música desde Asturias. Tres décadas después de aquel primer éxito, el artista echó la vista atrás en una entrevista concedida a ‘El Mundo’ en 1996 para reflexionar sobre las lecciones que le había regalado el paso del tiempo.
El cantante ofreció un retrato sincero de sí mismo, convencido de que la mayor conquista de su longeva trayectoria era más la libertad de seguir escribiendo como quería, que la de los miles de discos vendidos.


El cantante y compositor asturiano acumula más de seis décadas de trayectoria, durante las que ha firmado algunas de las canciones más emblemáticas de la música española.
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“Con los años dejas de vivir esclavizado por las modas”
En plena promoción del álbum ‘Cada uno es como es’, Víctor Manuel reconocía que la madurez le había permitido desprenderse de muchas de las presiones de la industria. “Una de las cosas buenas que ganas con los años es que no vives esclavizado por modas o mercados”, afirmaba con rotundidad, reivindicando una independencia creativa que consideraba uno de los mayores privilegios de su carrera.
El disco reflejaba la mirada nostálgica desde la que el cantante veía su realidad durante aquellos años. “Cuando vas haciéndote viejo, a veces tienes tirones de melancolía, deseos de volver a una época en la que fuiste más feliz y tenías menos responsabilidades“, confesaba, explicando que esa vuelta a sus raíces era una consecuencia natural del paso del tiempo.
El propio título del álbum encerraba una filosofía vital. “Es bastante improbable que cambiemos o que nos cambien”, reflexionaba, dejando claro que aceptar la propia personalidad no significaba renunciar al criterio. “Soy lo suficientemente intolerante para decidir las cosas que me gustan y las que no”, añadía.


Víctor Manuel siempre ha defendido la libertad creativa musical, alejada de las modas y de las imposiciones de la industria.
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Su mayor miedo como compositor
Aunque acumulaba ya cientos de canciones, el artista nunca dio por garantizada la inspiración. Víctor Manuel tenía su propia teoría sobre el acto de componer: “Cada canción que escribo no es una más, sino una menos”, aseguraba. Convencido de que la creatividad tenía un límite, llegaba a afirmar: “Estoy convencido de que hay un cupo de canciones. Voy por las cuatrocientas y pico y, a lo mejor, a las 450 se han acabado ya”.
Le preocupaba especialmente conservar la honestidad de su oficio. “A estas alturas uno aspira a mantener la frescura, la dignidad y no trivializar la profesión de escritor de canciones”, explicaba.
Su inspiración, nacía de lo cotidiano. “A mí me provocan mucho los pequeños sueltos de los periódicos”, revelaba, demostrando que muchas de sus composiciones surgían de historias anónimas capaces de conmoverle. Y, frente a los avances tecnológicos que ya comenzaban a transformar la creación musical, se mostraba tajante: “Si tienes algo que contar, no hay máquina que valga”.


Comprometido con las causas sociales el cantante reflexionaba sobre su preocupación por las desigualdades, la inmigración y la pérdida del espíritu crítico en la sociedad.
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“A mí se me enciende la sangre con las situaciones de injusticia”
Más allá de la música, Víctor Manuel aprovechó la entrevista para mostrar una visión crítica sobre la España de mediados de los noventa. Se mostró especialmente duro con el tratamiento que recibían los inmigrantes. “Siento vergüenza por el maltrato que se da a esa gente que viene a buscar trabajo”, lamentaba, recordando que España también había sido un país de emigrantes apenas unas décadas antes.
“A mí se me enciende la sangre con las situaciones de injusticia”, reconocía, hasta el punto de asegurar que intervendría si presenciaba una agresión racista.
Se mostraba igualmente contundente con quienes utilizaban su posición para humillar a los demás. Recordó un episodio vivido durante un rodaje, cuando se enfrentó verbalmente a un político que había despreciado públicamente a una actriz veterana. “Lo que me subleva es la gente que intenta humillar a otra gente. Yo con eso no puedo”, resumía.


El cantautor asturiano reconoce que la madurez le ha permitido trabajar con mayor independencia y escribir únicamente aquello en lo que realmente cree.
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“Quien me gobierne tiene la obligación de hacerme feliz”
El cantautor tampoco escondía su desencanto con la política y con la creciente falta de espíritu crítico que percibía en la sociedad. “Cada vez hay menos espíritu crítico. Ya no hay voces morales que avisen de cuándo te están tomando el pelo”, advertía, convencido de que las personas se dejaban arrastrar con demasiada facilidad por las modas y los discursos dominantes.
Sobre los gobernantes, su exigencia era máxima. “Quien me gobierne tiene la obligación de hacerme feliz”, afirmaba. Para Víctor Manuel, construir carreteras o gestionar el día a día era simplemente cumplir con una obligación, pero a los responsables públicos les reclamaba la responsabilidad de generar ilusión, favorecer la igualdad y mejorar verdaderamente la vida de los ciudadanos.


Víctor Manuel exigía a los políticos hace ya treinta años una extrema responsabilidad social con el bienestar de la ciudadanía.
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Como marido de la también artista Ana Belén desde hace más de medio siglo, sentía especialmente relevante la cuestión de los roles de género en las dinámicas de pareja. “Debes reconocer que ellas no son de uno. Eso es un avance”. Una idea que, según confesaba, no solo le había ayudado a comprender mejor a las mujeres, sino también a ser “un poquito más feliz”.
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