‘Operación Triunfo’ cambió la música española y también despertó recelos dentro de la industria. El formato convirtió a jóvenes desconocidos en estrellas de masas en cuestión de meses, una velocidad que muchos artistas ajenos al programa miraron con recelo y que abrió un debate sobre el talento, la televisión y la forma de construir una carrera musical.
Uno de los más claros fue Alejandro Sanz (57 años). En una entrevista con el diario argentino ‘Clarín’, en 2007, el cantante criticó la lógica de los concursos musicales: “Es como si pretendes parir en tres meses. Cuando llegas al éxito a base de trabajar, llegas con una distinta preparación”.


Alejandro Sanz en 2007 estaba inmerso en una gira internacional con su octavo álbum.
La declaración llegó en un momento en el que Operación Triunfo ya no era solo un programa de televisión, sino una marca capaz de alterar el mapa musical. La primera edición, emitida por TVE en 2001, había sido un fenómeno social.
Durante meses, millones de espectadores siguieron las galas, la convivencia en la academia, las clases y la evolución de concursantes que pasaron de ser anónimos a ocupar portadas, listas de ventas y grandes escenarios.


La primera edición de OT en TVE se convirtió en todo un fenómeno televisivo.
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De aquella primera edición salieron nombres como Rosa López (45 años), David Bisbal (47 años), David Bustamante (44 años), Chenoa (51 años), Manu Tenorio (51 años), Gisela (47 años), Nuria Fergó (47 años), o Natalia (43 años).
El recelo de la industria
Ese éxito también tuvo un reverso. Para parte de la industria musical, OT representaba una vía demasiado rápida hacia la fama. Muchos artistas habían construido sus carreras tocando en salas, grabando maquetas, negociando con discográficas o esperando durante años una oportunidad.


Cuando se acabó el programa, los concursantes se convirtieron en los nuevos ídolos de los más jóvenes.
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De pronto, la televisión ofrecía a un grupo de jóvenes una exposición diaria y una maquinaria promocional que ningún músico fuera del formato podía igualar.
Alejandro Sanz verbalizó esa incomodidad cuando ya se habían emitido 5 ediciones del concurso. El cantautor sostuvo que esos formatos intentaban “fabricar artistas de la noche a la mañana”.
Para el músico, el paso del tiempo acabaría separando a quienes pudieran sostener una trayectoria de quienes no lograrían continuar fuera del impacto inicial. “Lo que demuestran esos programas es que los artistas no se fabrican”, apuntó.
Sanz consideraba que ese camino no era “válido” ni “la mejor manera de hacer una carrera”.


OT regresó en 2017, volviendo a repetir el éxito de su primera edición y lanzando al estrellato a artistas como Amaia, Aitana o Lola Índigo.
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Para entonces, el debate sobre los llamados “triunfitos” llevaba años instalado. El programa había demostrado que podía vender discos, llenar conciertos y crear una relación emocional muy fuerte entre el público y los concursantes. Pero también había generado una etiqueta difícil de quitar. Salir de la academia garantizaba visibilidad, aunque no siempre legitimidad ante los artistas que venían de trayectorias más largas.
Bisbal y cómo deshacerse de la etiqueta de ‘triunfito’
El propio David Bisbal, la figura más internacional surgida de aquella primera generación, ha hablado después de ese peso. En el podcast de Oso Trava, en México, explicó que la percepción sobre el formato ha cambiado con los años: “Hoy en día si tú sales de Operación Triunfo en la actualidad es cool”.


Bisbal reconoce que lo pasó mal cuando salió de la academia para abrirse camino en la música.
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El cantante almeriense comparó la situación actual de las nuevas estrellas del concurso con la que vivió al principio de su carrera.
Bisbal recordó que entonces la procedencia televisiva podía convertirse en una carga: “Todo lo que sonaba a Operación Triunfo te ponía una etiqueta muy fuerte”. Los propios concursantes tuvieron que convivir con la sospecha de que su éxito podía ser pasajero o fruto exclusivo de la exposición televisiva.
El artista almeriense también explicó cómo gestionó aquella presión. “Fue duro. Lo manejaba motivándome diciendo es que quizás tengan razón, quizás tengo que trabajar, que demostrar a la industria que no ha sido efímero, que con el paso del tiempo puedo crearme una carrera”, señaló.
En su caso, la consolidación llegó con una trayectoria internacional y con una entrada en Latinoamérica que le obligó a empezar de nuevo ante públicos que no habían seguido el fenómeno televisivo español.


Bisbal no tardó en convertir su segundo puesto en Operación Triunfo en una carrera de éxito.
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El tiempo, como anticipaban incluso los críticos, terminó haciendo su propio filtro. Algunos nombres desaparecieron pronto y otros, como Bisbal, Manuel Carrasco (45 años) o Pablo López (42 años) y más recientemente Amaia (27 años), Aitana (27 años) o Lola Índigo (34 años) lograron dejar atrás la etiqueta inicial.
Manuel Carrasco se sincera sobre OT
Manuel Carrasco también ha hablado de lo que supuso salir de Operación Triunfo en aquellos primeros años. El cantante onubense entró en la academia con solo 21 años y sin ser plenamente consciente de la exposición que estaba a punto de vivir.
“Yo no sabía muy bien a todo lo que me iba a enfrentar”, admitió en su entrevista con Joaquín Sánchez. Aunque no reniega de aquella etapa, sí reconoció que entonces pesaba una mirada muy dura sobre quienes procedían del programa. “Cuando te decían ‘triunfito’, había una connotación negativa. A mí me costó mucho”, explicó.


Manuel Carrasco también quedó segundo en OT y logró dejar atrás la etiqueta de “triunfito”.
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Carrasco añadió que esa presión podía afectar especialmente a alguien tan joven, todavía con dudas e inseguridades. Su manera de afrontarlo fue asumir que le quedaba mucho por aprender: “Yo sabía que no sabía… Quizá eso me hacía estar muy ávido de aprender”.
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