Todavía, antes de acostarse, Joan Manuel Serrat (82 años) continúa hablando con su padre. Y eso que este hace años que ya no vive. Pero su presencia sigue inundando la vida de su hijo, como ya lo hiciera en la década de los 50, cuando él todavía era un chiquillo de Poble-sec que se maravillaba con cada invento y ocurrencia de su progenitor.


Serrat guarda un enorme cariño por su padre, una figura crucial de su vida
Canal Sur
“Lo que más envidio de mi padre era lo habilidoso que era”, ha revelado el artista en una entrevista emitida por Canal Sur, en la que le ha revelado a Juan y Medio cómo fue crecer en una familia “de perdedores”.
Una nevera con mucha lógica
Criado en el barrio obrero de Poble-sec, en Barcelona, cuando Joan Manuel era niño, las vecinas solo habían visto una nevera en los bares. En las casas no había nada de eso. Se compraba lo sucinto para comer ese día y los alimentos no perecederos se almacenaban en la despensa. Pero en casa de la familia Serrat, con ese padre que trabajaba en la Catalana de Gas y que había aprendido a hacer de todo con sus manos, la comida fresca se podía guardar de un día para otro.
“La nevera de mi casa la hizo mi padre. En los años 50, él construyó la primera nevera que hubo en mi escalera. La hizo a base de lógica y funcionaba con hielo, evidentemente. Se fijó cómo eran las de los bares”, ha explicado al presentador, que estaba absolutamente maravillado con la peripecia. “Yo nunca he oído esto, que alguien se construyera su nevera”.


El padre de Joan Manuel, que era muy habilidoso, construyó su propia nevera
Canal Sur
Josep era fontanero, más concretamente, lampista. Tras la guerra había sido preso en un campo de concentración y eso quizás le hizo agudizar su ingenio. Era una persona extremadamente habilidosa que, con pocos recursos, podía construir lo que se propusiera.
Fijándose en las fresqueras que tenían los negocios, él desarrolló su propio prototipo de nevera. “Él tuvo un razonamiento: el hielo se deshace, aquí le meto un receptáculo con un tubito, una conducción con un grifo que vaya el agua fuera. El interior era bastante semejante a lo que podía ser una nevera pequeña de hoy día. Fuera le puso baldosas, por dentro lo aisló con corcho… Era mucho volumen para poca chicha, pero teníamos nevera”.


Fijándose en las neveras de los bares, Josep construyó su propio prototipo de nevera
Canal Sur
Josep Serrat, un hombre hacendoso
Décadas más tarde, todavía sigue maravillándose con esta habilidad única que hizo único a su progenitor. “Lo que más le envidié a mi padre, además de lo bueno que era, era un hombre de una gran habilidad manual. Lo hacía todo”.
Hasta cuando se jubiló, todavía mantuvo intacta esta habilidad. “Él siempre iba con un bolsito donde llevaba todos sus imprescindibles para el día a día. Si le pedías cualquier cosa, él la tenía. Cuando necesitaba un objeto, se lo pedía a mi padre”.


“Lo que más envidio de mi padre era lo habilidoso que era”, ha dicho en una entrevista
Canal Sur
Si había que tirar un muro, Josep se encargaba. Si había que levantarlo, Josep. Si había que pintar… efectivamente, Josep era la persona a la que todos llamaban. Joan Manuel y su progenitor siempre tuvieron un vínculo tan estrecho que se ha mantenido intacto hasta después de la muerte de este. “Él era un buen hombre, como diría Machado, en el mejor sentido de la palabra. Era un hombre bueno, un hombre que amó a su mujer y a sus hijos”.
Tiene una foto suya en la mesilla de noche, y, antes de marcharse a dormir, le envía sus últimos pensamientos del día. “Antes de acostarme, lo saludo y nos contamos algunas cosas, algún chascarrillo que nos hemos dejado por contarnos”.


Joan Manuel, desde joven, mantuvo un vínculo muy estrecho con su progenitor con el que podía hablar abiertamente de todo
Gtres
“Una familia de perdedores”
Y eso que hablar, hablaban. En casa de los Serrat jamás hubo temas tabú. Y menos que tuvieran que ver con política. Toda la familia estuvo siempre del mismo lado, por lo que hablar sobre opresión y rebeldía siempre estuvo encima de la mesa. Algo que el cantautor siempre ha agradecido.
“Mi casa fue una casa de perdedores de la guerra. Pero de perdedores profundos”, ha empezado diciendo, cuando Juan y Medio le ha preguntado si tuvo libertad a la hora de mostrar sus ideas políticas en su hogar. “Mi madre perdió a mucha gente de su familia que fueron asesinados, entre ellos, mis abuelos. Mi padre perdió la juventud y la salud en un campo de concentración después de la guerra. Pero lo que no perdimos nunca fue la memoria familiar, y en mi casa se hablaba de las cosas”.


Serrat recuerda que su padre “perdió la salud y la juventud en un campo de concentración”, y no desea que eso vuelva a repetuirse
GTRES
Sabe que lo suyo era una rara excepción. “No ocurría como, en general, no se hablaba. El miedo le pudo a la verdad. La gente evitaba hablar con sus hijos de sus dolores profundos. La gente tenía mucho dolor, pero trataba de no contagiar de ese dolor a sus hijos, por miedo a que estos sufrieran lo que habían sufrido ellos. Así que yo tuve suerte y la verdad del pasado, que era un pasado muy reciente, se transmitió siempre en mi familia”.
Joan Manuel Serrat está convencido que no hay nada peor que el “olvido por el miedo”, y teme que esto provoque que muchos no recuerden aquel pasado, demasiado reciente, que asoló a todo un país.
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