La nueva cita con ‘Aida’ se daba para conocer a los cantantes del segundo reparto, que han sido nada menos que cinco, más el director de orquesta. La primera impresión fue sobre una certeza lógica, la de que los cantantes van mejorando según … van calentando su voz, algo que pudimos comprobar en el primer reparto, excepto la Aida de Marigona Qerkezi, que nos pareció que ha nacido ya cantando y no necesita ni calentar.
No haremos comparaciones para que Chunxi Stella Hu pueda ser la primera de su grupo, también como Aida. Los músicos chinos están descollando cada vez más, y con razón: la voz de la joven soprano lírica está muy bien esmaltada, se desenvuelve con una homogeneidad natural, conoce no sólo el idioma, sino el mundo operístico italiano, en el que de manera tan natural se mueve. Es verdad que es muy joven, lo que ayuda a que su registro no tenga que forzarlo para tapar carencias, aunque de momento no las tiene. ‘Retorna vincitor!’ fue un ejemplo, aunque en los dúos del tercer acto es donde nos parece que más destacó, porque aunaba el lirismo que le oímos inmediatamente antes en ‘Oh patria mia’, con la bravura que alcanza con su padre, y donde se concentran todos los sentimientos: amor (a su amante y a su progenitor), patria o recuerdos de días más felices en su país. Es verdad que quizá por su naturaleza quizá ese furor no salga del todo, pero no dejaba de impactarnos, porque son cambios muy rápidos, como las chispas que surgieron del forcejeo verbal con su padre.
Aprovechamos la escena para destacar otro acierto de la escenografía: sobre un fondo verde sobresalen esas barras a veces espadas galácticas, otras postes, que aportaron el tono campestre, a veces dorado por un sol en forma de limpio círculo, además del movimiento sobre las pantallas de video, todo un derroche imaginativo que nos acerca aún más en el tiempo hasta el espectador del siglo XXI. Sólo le falta al ‘regista’ aprender que sus filias y fobias al espectador le importan un pimiento, y que de él queremos la inteligencia de seguir esa línea de tiempo que se ha inventado para que una historia como la de Verdi cale en 2026, aprovechando todo lo que le proporcionan las nuevas tecnologías y que le pueden conectar con el público del futuro.
En cuanto al Radamès de Joan Laínez repetiremos la importancia de calentar para lidiar con la dificilísima ‘Romanza’ en los primeros compases de la ópera. Los sobreagudos los clavó, pero volvemos a reconocer que si dar un Si bemol al principio de la partitura es difícil (y son tres), más lo es darlo en pianísimo y ‘morendo’. Laínez controla más los agudos que los medios, por lo que en estos su voz estuvo más descubierta, aunque se fue controlando y equilibrando poco a poco.
Casi rozando el milagro podríamos decir lo mismo de María Luján, una mezzo italoargentina aunque empezó desde más abajo, con una voz descubierta, de color inasible, y que ni siquiera en los agudos podía encontrar refugio. Seguramente estaba reservándose para ‘su’ acto, el IV, al que nos pareció que había llegado mejorando de arriba a abajo, de los agudos más arriesgados al centro cercano al ‘pasaje’. A veces presa de un puntual velo, con graves sin consistencia, fue recomponiéndose para un final digno.
Ya hemos dicho que Amonasro (Fabián Veloz) demostró la vehemencia necesaria para servirle en bandeja a su ‘hija’ Chunxi Stella Hu los momentos más intensos de su dúo, si bien tendría que dominar más su vibrato, aunque por lo demás estuvo con el volumen y reciedumbre necesarios. Y siguiendo con las voces graves verdianas, Inho Jeong hizo en esta ocasión de Ramfis, con un bello timbre en la zona más baja y la media-alta muy equilibrada.
A pesar de su juventud, Dominic Limburg dirigió de forma atenta y certera, muy acertada, tanto a la orquesta como a la banda interna. El coro nuevamente estuvo fantástico, aunque quizá tenga que ajustar más el bello coro de esclavas del acto II, que en esta ocasión no nos dio la sensación de que estuviese tan redondo como en el estreno.
Por último, permítasenos que despidamos por jubilación (aunque nadie lo diría) a Chantal Daunis, que se subió por una vez al escenario a saludar junto al elenco de la ópera. Y también pongámosle nombre a una de las personas más amables y eficaces del Teatro: Belén González Mellado, encargada de los sobretítulos, uno de los empeños más difíciles de una producción, y que ella borda con una sonrisa cada vez.
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