En un tiempo en el que estaba prohibido hablar de casi todo, surgió la voz insurrecta de Mari Trini. Y esta, lejos de sonar atronadora y agresiva, era dulce y melódica. Por eso mismo, cree su hermano Gonzalo Pérez-Miravete que a ella se le permitió cantar lo que el resto tenía vetado.
Pero Mari Trini no solo era una voz inolvidable, también eran letras que se agarraban al corazón y no te lo soltaban. Porque, por encima de cantante, ella era autora. La murciana era única a la hora de esquivar la censura a través de estéticas metáforas que siempre sorteaban a los defensores de la moral.


Unos últimos años complicados
La nacida en Caravaca de la Cruz fue una de las artistas más importantes de nuestra música en los años 60 y 70. Sus canciones se convirtieron en himnos, pero quizás, con el paso de los años, su figura se ha ido diluyendo y quedando en el olvido. Algo por lo que su hermano pequeño no está dispuesto a pasar. Él es el responsable de mantener vivo el legado musical de la cantautora y piensa pelear por devolver a su hermana al podio del que nunca debió apearse.
“Entre que hace ya 17 años que falleció y otros 10 años que estuvo un poco ausente por su depresión y sus circunstancias, si le sumas el cambio que hubo en lo musical todo llevó un poco a que desapareciera”, explica Pérez-Miravete en una entrevista con Vanity Fair.
Es cierto que la salud mental de Mari Trini fue el peor enemigo de esta en sus últimos años de vida. La artista falleció en 2009 debido a un cáncer, pero arrastraba un largo episodio depresivo que la llevó a no poder salir de su habitación “La depresión me impedía coger ni siquiera un bolígrafo y casi no podía levantarme de la cama. No dejaba de pensar, ¿por qué me han traicionado?”, contó en 2005 a la revista Pronto.


Traición y ruina
En los últimos años de su carrera, ella se sintió sola y abandonada. Lamentaba que el público hubiese perdido interés en ella y en la música que hacía. El auge de otros géneros y otras plataformas habían desplazado el consumo tradicional y ella se sentía fuera de lugar.
En lo personal, tampoco le iba mejor. Cuando la compositora hablaba de traición, lo hacía refiriéndose a la estafa que sufrió por parte de alguien muy cercano a ella, su promotor musical, quien la engañó. “Ella le había confiado unos dineros. Y él la arruinó. Mari Trini nunca se repuso”, escribió el periodista Jesús Mariñas sobre lo sucedido. Aquello fue uno de los grandes detonantes que dieron al traste con su bienestar emocional.


Resultaba llamativo que esa mujer que no era capaz de agarrar un bolígrafo, que le había cantado al amor de todas las formas posibles, hubiese llenado tantas tardes y noches de gloria. Porque, aunque siempre imaginó que su carrera habría sido más brillante en Francia, aquí se la quiso y se la admiró mucho.
Noches sin dormir en la carretera
“En verano podía tener cerca de 100 galas, prácticamente un concierto al día, y a lo mejor un día estaba en Galicia y otro en Andalucía”, cuenta Gonzalo, que recuerda aquella época agotadora que vivió su hermana. “Salían de los conciertos con hambre y teniendo que viajar. Entonces mi hermana decía que los pocos sitios que estaban abiertos en carretera eran ‘los de las lucecitas’, y ahí era donde parábamos”.


Os podéis imaginar la escena. A altas horas de la madrugada, una de las artistas más famosas de la España yeyé entra en uno de estos locales. Las chicas la reconocen de inmediato y se forma una buena. Cuando ella entraba y veían que estaba allí Mari Trini, se volvían locas con ella. La atendían de cine, y mi hermana allí, charlando con ellas y comiéndose sus bocatas porque era lo único abierto. Tenía muy buen recuerdo, muy entrañable, de la humanidad que se encontró entre las prostitutas de carretera”.
Mucho peor recuerdo guardaba la artista de todos los procesos médicos a los que tuvo que hacer frente desde bien niña. Con solo 6 años encamó debido a una nefritis, lo que la hizo tener una infancia muy solitaria y rodeada de adultos. Debido a eso permaneció mucho tiempo en cama. “Entré en esa habitación siendo una niña y salí con sostén”, contaba al respecto.


No fue el único problema al que tuvo que hacer frente. En 1970 la operaron de una sinusitis, que le se saldó con una mejor respiración, pero, además, un recuerdo para toda la vida: ese característico labio torcido, que tanta personalidad le dio.
Pero, de todos ellos, el peor fue el cáncer de hígado que le diagnosticaron en 2007 y que la arrebató, dos años más tarde, de los brazos de la mujer cuya historia de amor jamás fue capaz de poner letra y música, Claudette.
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