El aplauso más grande lo pidió Maite G. Heres para sus “federicos” y el Gran Teatre Liceu le hizo caso, correspondiendo con una larga ovación, la mayor de la noche, a los jovencísimos miembros de esta compañía lírica asturiana infantil y juvenil, única en España y premiada en sábado en Barcelona como el mejor proyecto de Difusión de los galardones de Ópera XXI.
“La Federica”, compañía residente de la ópera de Oviedo y con niños y jóvenes procedentes del centro de enseñanza musical que Maite G. Heres tienen en El Bibio, en Gijón, fue uno de los premios más aplaudidos en Barcelona, en una noche en la que la temporada del Campoamor también se sintió parte de otros dos galardones, los entregados a Sabina Puértolas por su interpretación en “Anna Bolena” en la capital asturiana y a Jorge de León por otro título que se pudo ver en Asturias, “Aida”, aparte de otros trabajos desarrollados por el tenero en la pasada temporada.
La entrega a “La Federica” estuvo cargada de emoción. Primero, por las palabras del Director General de Ópera de Oviedo, Celestino Varela, quien confió en que el galardón les dé fuerzas “para sembrar”. “Los programas pedagóticos son muy importantes”, reflexionó ante el público del Liceu, “porque cuanto antes sembremos, será mejor. Ahí están el público de mañana y los cantantes de mañana y los creativos de mañana”. Más allá del arte, insisitió Varela para finalizar su intervención, proyectos como el de “La Federica” “nos mejoran a todos como personas y mejoran nuestras sociedades”.
Si el discurso de Celestino Varela ya emocionó al Liceu, el de la fundadora y directora de la compañía, Maite G. Heres, funcionó con un arrebatador alegato a favor de un nuevo modelo pedagógico. “Este es un proyecto humilde”, expuso al inicio de su intervención, “pero ambicioso en hacer las cosas con rigor, pasión y verdad, y movido por algo que no se compra con dinero: la ilusión, el compromiso y la vocación”. Después, Heres habló de los maestros que tuvo y de lo que un maestro debe ser: “el que despierta la sensibilidad, la curiosidad y el pensamiento en otro ser humano”. Por eso, concluyó, “si no hay educación real no hay progreso artístico, cultural ni social”, y por eso “hay que dejar de infravalorar la sensibilidad e inteligencia de nuestros niños y jóvenes”.
Los presupuestos explicados con emoción ante el público del Liceu son los que han llevado a Maite G. Heres a construir una compañía en la que niños y jóvenes no solo se hacen cargo de poner en escena adaptaciones de grandes títulos del repertorio operístico (como hicieron este año con “Carmen”, el cuarto título que monta esta compañía), sino que asumen las funciones de los oficios tradicionales de las compañías líricas. Para ellos, algunos ya orientados a proseguir su formación profesional en regiduría o dirección de escena, pidió Heres un fuerte aplauso: “Hoy tengo la suerte de presentarlo aquí delante, a mis federicos; que se pongan de pie porque vuestro es el aplauso más grande”. Y el Liceu respondió con la mayor ovación de la noche.
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