Hay una rara quietud que desciende con Gatra Veena… un tipo que se filtra silenciosamente, como el amanecer que se desarrolla antes de que uno esté completamente despierto. Con su bandish recién lanzado, el vocalista clásico indostánico Mahesh Kale, ganador del Premio Nacional, entra en un espacio evocador donde lo antiguo y lo contemporáneo no sólo se encuentran, sino que se disuelven suavemente entre sí.
Arraigada en las profundidades filosóficas del Natya Shastra, la composición se basa en la idea de ‘Gatra Veena’: el cuerpo como primer instrumento. Pero la interpretación de Kale va un paso más allá y convierte la investigación en experiencia. Si el cuerpo es el instrumento, ¿quién es entonces el músico? The bandish se convierte en una meditación sobre esta misma cuestión, que se desarrolla no como una explicación, sino como un viaje sonoro hacia el interior.
En la canción, Kale resiste la tentación purista de presentarla en un formato estrictamente tradicional. En cambio, se inclina hacia un arreglo experimental, superponiendo texturas de rock suave, percusión suave y tonalidades ambientales debajo del núcleo clásico. ¡El resultado es una pieza que pertenece tanto a un baithak como a una sala de escucha moderna! Como dijo Kale: “Es como predicar sabiduría antigua, pero en un paisaje sonoro contemporáneo”.
El bandish en sí, con letras como “Mann gaye gatra veena, kar Omkar, kar nirakaar” invita a uno a un estado de quietud interior. Habla de vaciar la mente, de despojarse de la urgencia constante del hacer y permitirse simplemente ser. En esta quietud, sugiere Kale, la mente comienza a “jugar” con el cuerpo, resonando con la vibración sutil y eterna del Brahmanaad, el sonido cósmico que es a la vez eterno e interminable.
Curiosamente, la composición llegó a Kale durante el Brahma Muhurta, o durante las horas previas al amanecer de un retiro de inmersión, un momento del día asociado con la claridad, la intuición y la mayor conciencia. “Temprano en la mañana, mucho antes del amanecer, se me ocurrió este bandido”, recordó, subrayando la naturaleza intuitiva, casi talentosa, de su nacimiento.
El tratamiento visual se hace eco de este viaje interior. Conceptualizado para reflejar el estado fugaz y casi trascendental de rendición, el vídeo captura la idea de estar “allí pero no” mientras actúa. En una secuencia particularmente exigente, Kale se sumergió bajo el agua durante cerca de 45 segundos, repetida varias veces, lo que impulsó tanto la resistencia física como la inmersión emocional. Es una sorprendente metáfora de la canción misma: una inmersión en el silencio, en la profundidad, en lo desconocido, emergiendo sólo con algo intangible, pero profundamente sentido.
Los primeros oyentes han respondido no sólo a la composición sino a su impacto profundamente conmovedor. Muchos hablan de una necesidad de hacer una pausa, de sentarse con el eco de la música mucho después de que termina. A pesar de la presencia de la batería y la guitarra, la experiencia sigue siendo meditativa, reafirmando lo que el propio Kale insinúa… que la música, en su forma más honesta, pasa por alto la comprensión intelectual y va directamente al yo.
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