W.on las temperaturas en el Ayuntamiento de Shoreditch alcanzaron los sofocantes 41 grados, el festival de música de Spitalfields se vio obligado a cancelar el primer evento de su temporada del 50 aniversario. Como resultado, este concierto de raras cantatas barrocas, sencillamente escenificadas y cantadas con estilo, fue la apertura involuntaria del festival.
Élisabeth Jacquet de La Guerre fue toda una jugadora en la corte de Luis XIV. Elegida por el Rey Sol a los cinco años, se convirtió en la primera mujer francesa en escribir una ópera, y sus obras fueron publicadas y representadas ampliamente. Además de su música para teclados, hoy en día es más conocida por sus dos series de cantatas bíblicas. Musicalmente sencillos, siguen el patrón de recitativo y aria del día. Sin embargo, lo que los convierte en un terreno fértil desde una perspectiva dramática es la forma en que la narración va y viene desde la narrativa en tercera persona hasta el protagonista (o, en un caso, los protagonistas) del cuento.
Esta coproducción entre Dunedin Consort, Hera y Mahogany Opera presentó a tres de ellos: Adam, Jonah y Jephthah. Titulado colectivamente En el vientre de la bestia, en las vagas traducciones al inglés de Toria Banks el villano obvio aquí era el Dios dictatorial del Antiguo Testamento. En Adán, la divinidad parecía excesivamente interesada en recibir todo el crédito por su obra, complacida en tender una trampa a su creación humana (visto a través de una lente feminista, es digno de mención que el texto de Antoine Houdar de la Motte para Jacquet de La Guerre nunca menciona a Eva). El desventurado Jonás fue el chivo expiatorio para enseñarle la lección de Dios, mientras que la hija de Jefté no sólo fue víctima de su autoritario padre sino presa de una deidad despiadada que, en esta versión, no envió ningún ángel de misericordia como indulto de último minuto.
La modesta pero eficaz puesta en escena de Jennifer Fletcher estuvo acompañada con sensibilidad por la tiorba, la viola da gamba y el violín, con Carolyn Sampson y Mariana Rodrigues teatralmente persuasivas en las tres cantatas. En Adán, un astuto Sampson demostró ser experto en resaltar la ironía en el libreto subversivo de Banks, con Rodrigues conmoviendo cálidamente mientras se dirigía hacia su muerte como hija de Jefté. Ambos cantaron con elegancia y belleza tonal, y sus ágiles voces se combinaron en emocionantes trinos en la cantata final.
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