Cada 23 de junio, cuando llegan las hogueras, los petardos, las fiestas y esa luz especial que parece suspender por unas horas la realidad, resulta casi inevitable acordarse deJoan Manuel Serrat. El cantautor catalán supo atrapar la esencia de la Noche de San Juan en una canción que sigue sonando como una cápsula de memoria, emoción y lucidez. Fue en 1970 cuando decidió dedicarle ‘Fiesta’, una pieza que, más que celebrar una noche concreta, habla de todo lo que esa noche representa: la infancia, el barrio, la ilusión colectiva y también el espejismo social que dura apenas unas horas.
Serrat no cantó a San Juan desde la superficie ni desde la mera nostalgia festiva. Lo hizo desde un lugar mucho más profundo, convirtiendo una celebración popular en una metáfora de la vida. En ‘Fiesta’, una calle oscura y gastada se transforma de pronto gracias a las bombillas, las banderas de papel y el bullicio de la gente. Todo parece posible por unas horas. La música lo invade todo, las diferencias se disimulan y la comunidad se abraza en una especie de tregua luminosa. Pero, como tantas veces ocurre en el universo de Serrat, la belleza nunca está separada de la conciencia. Y ahí está la clave de la canción.


La interpretación de Serrat sobre la Noche de San Juan
Lo más fascinante de ‘Fiesta’ es que, bajo su apariencia de canción festiva, esconde una crítica social nítida. Serrat observa cómo, durante la fiesta, desaparecen de forma momentánea las barreras entre unos y otros. El noble y el villano, el poderoso y el humilde, el hombre respetable y el marginado comparten por unas horas el mismo espacio, el mismo baile, la misma música. En ese paréntesis, las miserias parecen dormirse y el barrio entero entra en una especie de comunión popular.
Pero Serrat no idealiza del todo ese instante. Sabe que esa igualdad es efímera. Que al día siguiente vuelve la resaca, y con ella regresa también el orden de siempre. Cada cual vuelve a su sitio, el pobre a su pobreza y el rico a su riqueza. La celebración, por tanto, no borra la desigualdad: solo la suspende momentáneamente. Y esa es precisamente una de las grandes virtudes de la canción, que logra capturar la magia de una noche sin renunciar a mirar de frente la realidad que la rodea.


Su infancia en Poble-Sec
Si ‘Fiesta emociona’ tanto, es también porque en ella late la infancia de Serrat. Sus calles, su barrio, el olor de las verbenas, la vida en comunidad, la memoria de aquella Barcelona popular que todavía vivía muy pegada al puerto y a los ritmos del vecindario. Serrat siempre ha hablado con enorme ternura de la casa en la que creció, en el barrio barcelonés de Poble-Sec, un lugar al que sigue unido emocionalmente y que, según contó hace años, es probablemente la última propiedad que vendería.
“Ahora vivo cerca de la montaña de Montjuic en una casita con jardín, muy distinto de donde nací, una calle oscura cerca del puerto. Sigo yendo allí porque aún me queda algún amigo y porque la casa donde yo nací es probablemente la última de mis propiedades que yo vendería. En ella ha podido vivir mi hermano hasta que murió. Allí vivieron mis tíos hasta que murieron. La voy restaurando constantemente a medida que diferentes miembros de la familia la van ocupando”, decía hace años en una entrevista en Youtube.


En cuanto a su familia, Joan Manuel Serrat recordaba a su padre con cariño y con la admiración propia de quien le transmitió sus valores. “No tuve un padre intelectualmente formado, pero humanamente estaba bien amueblado. Sabía hacer de carpintero, de fontanero, de electricista, de albañil. Era un prodigio de todas estas cosas. Pero sobre todo era un buen tipo, un hombre educado y correcto”, aseguró.
Mientras que de su madre recordaba su mezcla de ternura, trabajo y temperamento. “La mamá era el ying y el yang de mi casa. Era muy cariñosa y trabajadora, un poco exagerada como buena latina. Era muy temperamental, ponía orden cuando tenía que hacerlo”, dijo en una ocasión. Entre ambos construyeron una educación que no necesitaba grandes discursos porque se basaba en el ejemplo. “No he necesitado que me dijeran qué era lo bueno y lo malo, me bastaba con ver lo que ocurría en casa”, explicó.


“Lo último que perdemos es la niñez y la música”
Pocas frases resumen tan bien el universo emocional de Serrat como esa que hoy resuena con fuerza en una noche como esta: “Lo último que perdemos es la niñez y la música”. En ella hay una idea central de toda su obra: que la infancia no desaparece nunca del todo, que permanece escondida en los recuerdos más aparentemente insignificantes y que vuelve de golpe con una canción, un olor o una calle iluminada por una verbena.
También dijo una vez que “la infancia se lleva siempre contigo porque no creces nunca”. Y probablemente ahí esté la verdadera razón por la que ‘Fiesta’ sigue siendo una canción tan poderosa cada noche de San Juan. No porque hable solo de petardos, farolillos o baile, sino porque activa una memoria íntima que todos reconocemos. La de aquello que fuimos antes de que la vida se complicara. La de una noche en la que parecía que el mundo podía ser mejor, aunque solo durara unas horas.
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