En 2022 fue la última vez que vimos a Joan Manuel Serrat (82 años) subirse a un escenario, pero su voz será algo que jamás se apagará, dentro y fuera de los conciertos. El noi del Poble Sec ha estado décadas componiendo algunos de los temas más conocidos de la historia de nuestra música, algo que seguro no pudo llegar a imaginar en su más tierna infancia.
Hijo de José Serrat, un anarquista afiliado al CNT, y de Ángeles Teresa, ama de casa originaria de Zaragoza, Serrat estudió para ser perito agrícola, explican en ‘Vanity Fair’, pero la guitarra siempre tuvo un papel muy importante en su vida, tanto que acabó siendo su fiel compañera. Igual de importante fueron sus progenitores, de los que el cantautor ha hablado en varias ocasiones.


Joan Manuel Serrat ha hablado en varias ocasiones de sus padres.
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Serrat sobre su padre
Hablando hace unos años con ‘Aquellas cosas de Serrat’, blog especializado en el cantante, este aseguraba que consigue volver a su más tierna infancia “cada vez que me reencuentro con el melocotón, cada vez que me reencuentro con la playa, con una acequia, o cuando me voy a pescar, una terapia maravillosa”, contaba, siendo unos años en los que estaba muy unido a su “padre, que me enseñaba a poner el gusano en el anzuelo”.
El cantante define a su progenitor como “un buen hombre, muy bueno. Era muy mañoso, no entiendo cómo de un padre tan mañoso hemos salido tres hijos tan sumamente torpes… Mi padre era extraordinario”, asegura, deshaciéndose en halagos hacia este.
“Era capaz de fabricar todo lo que había en la casa. Ponía los ladrillos, alicataba los baños, hacía neveras. Las neveras las diseñaba él mismo, con madera; las rellenaba de aislante, las alicataba por dentro, hacía las bandejas, construía el lugar donde meter el hielo y tenía un mecanismo de depósito que se vaciaba desde atrás abriendo una llave…. Era un hombre sabio. Mi padre sabía por qué nacían las cosas. ¡Sabía por qué se encendía la luz!”, cuenta, orgulloso de haber crecido a su lado.


Sobre su padre ha dicho: “Era capaz de fabricar todo lo que había en la casa. Ponía los ladrillos, alicataba los baños, hacía neveras. Las neveras las diseñaba él mismo, con madera”.
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Su gran influencia
En esta misma charla, Serrat cuenta que aspira “a haber sido capaz de conservar aquel que fui, lo que aprendí en mi casa… La riqueza mayor que he podido acarrear es lo que mis padres me enseñaron con su ejemplo. He tenido la suerte de tener buenos maestros y de haber complementado lo que he asimilado con todo aquello que me ha ido ocurriendo”, recalcando la gran importancia que tuvieron sus padres en su vida y en el hombre en que acabó convirtiéndose.
Además, si algo es innegable es que Serrat ha terminado por ser un referente para mucha gente, un autor sin miedo a pronunciarse sobre temas no siempre fáciles y cuya voz ha servido a muchos como altavoz. Sin embargo, él asegura que “nunca ha tenido la pretensión de ser” un referente. “No explico otra cosa que mi punto de vista y aspiro a que este punto de vista sea respetado. No pretendo otra cosa. Pero a veces ocurre que las cosas por las que me muevo, las cosas que me empujan, coinciden con las cosas que conmueven, empujan y hacen que funcione mucha gente”, contó.


“La riqueza mayor que he podido acarrear es lo que mis padres me enseñaron con su ejemplo. He tenido la suerte de tener buenos maestros”, asegura.
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El recuerdo de su madre
Su padre no es el único al que Serrat tiene un cariño especial, ya que este también explica que con su música, especialmente algunas canciones, su objetivo era “hacerle un homenaje a mi madre, a la tragedia de una mujer que vive toda su vida caminando, y toda su vida la pasa mirando hacia atrás… Nace en un pueblo de Aragón, en Belchite; se muere el novio antes de la boda; sale del pueblo para trabajar en Barcelona; estalla la guerra cuando está en Barcelona; fusilan a su padre y a su madre; treinta miembros de su familia son ejecutados, asesinados en el pueblo; ella se dedica durante la guerra a recoger niños y a viajar con ellos por toda España, de arriba a abajo”, recuerda.


Con algunas de sus canciones trató “de darle un beso a esa mujer que, a pesar de todo lo que había ocurrido, seguía soñando con su pueblo”.
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El cantante continuó la historia contando que ella después “vuelve a Barcelona; se casa con mi padre; vive la tragedia de todos los años de la posguerra, la escasez, el miedo, la persecución…; mi padre había salido de un campo de concentración, y, en fin, tiene un hijo en el que fija absolutamente todas sus esperanzas, espera superar con él toda una vida de tragedias y de decepciones…”, añade. “Para ella, resulta que el hijo es un buen estudiante, pero que se busca complicaciones en el franquismo… Con esa canción, ‘Cançó de breçol’, traté de darle un beso a esa mujer que, a pesar de todo lo que había ocurrido, seguía soñando con su pueblo”.
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