Antes de que existieron Los Trogladitas o que Los Rebeldes fueran famosos, Loquillo y Carlos Segarra formaron en Barcelona un grupo llamado Teddy Loquillo y sus Amigos a finales de los 70. Ninguno de los imaginaba todo lo que vendría después.
Antes de tomar caminos por separado, ambos músicos se convirtieron, unidos, en los pioneros de la estética rocker y punk de la ciudad, compartiendo escenarios y sueños. Porque si por algo es recordado José María Sanz Beltrán, Loquillo, es por ser la banda sonora de millones de españoles.
Así, desde sus primeros pasos en el terreno musical a la cruda realidad de los ochenta, el mítico cantante se ha sincerado en ‘Lo de Évole’ sobre sus inicios y el oscuro legado de una España mimetizada con las drogas. Un relato honesto y sincero sobre los cimientos de su trayectoria, y las cicatrices sociales de un país que sigue amándolo irremediablemente.


La entrevista a Loquillo en laSexta
En una larga caminata por el casco central de una Barcelona, cada vez, más anestesiada de pequeño comercio, Jordi y Loquillo han emprendido un camino -posiblemente, hacia ningún lugar- que, sin duda, ha dado para mucho. Sobres sus inicios, el cantante añadía que “cuando te ponen a parir, vas por el buen camino. Generalmente, cuando te ponen bien, duras poco. Si que es cierto que las criticas iniciales fueron terroríficas. Pero por otro lado, yo tengo una experiencia que la mayoría de artistas españoles no tienen”.
Haciendo afán de los cimientos que le sostienen, “antes he trabajado en radio, he trabajado en prensa, y después también he sido ‘promocionero’ de una empresa de discos. Las 3 cosas mas importantes del negocio. Entonces me metí a grabar porque fue una acumulación de casualidades”. Ahí es cuando surge su nombre junto al cabeza de Los Rebeldes.
¿Cómo entré en el mundo del espectáculo?
Entré en el escenario con una bomba en la mano. Porque yo encuentro una bomba de la Guerra Civil Española en unas ruinas de una fábrica cercanas a mi casa. Jugando con unos chavales de mi barrio, el balón se va por un agujero y al lado de la pelota aparece una bomba sin explotar. La cogí y salí. Y no se me ocurre otra cosa que decir, ‘¿dónde llevo esto?’. Y lo llevé a la comisaria del barrio. Y empiezo a andar con ella con la bomba en la mano. Entré en la comisaría con la bomba. El policía nacional, imagínate la cara… Empiezan a pegar gritos. Ese fue mi primer momento de entrada al escenario: la comisaría.


Si tuvieras que decir una cosa que echas de menos de esa Barcelona, ¿qué es?
Nos hemos olvidado de nuestra propia gente. Ahora todas las ciudades parecen franquicias. Y todas se parecen. Ciudades mundiales europeas… Nos hemos olvidado de cuidar el comercio local, el modo de vida local. Me duele por ejemplo de Barcelona el cierre de locales de conciertos, donde empiezan las bandas. Si no hay locales que reivindiquen la música de su ciudad, la historia de su ciudad… Eso me duele. Pienso que no reivindicamos lo suficiente el potencial que tenemos en nuestra casa.
¿Cuántas bandas diferentes has tenido?
He tenido Los Intocables, la primera con Sabino Méndez. Después, Los Trogloditas. He vivido el inicio de una banda, me acuerdo los Intocables, una gira que hicimos con una DKV por Levante, en el 81 creo que fue, que se nos rompió el espejo de delante a la primera de cambio. Y nos fuimos comiendo todos los mosquitos del mundo, tanto de ida y de vuelta. Con 19 o 20 años. Entonces nos presentábamos en los festivales a tocar gratis. Era muy importante la cantidad de anfetaminas que llevaras en el cuerpo porque eso te ayudaba a ir motivado. Lo salvajes que fuimos en los ochenta, eso es ridículo. En ese sentido, me alegro de haber podido vivir las etapas distintas de mi vida o de muchas vidas en los momentos que me tocaba vivir.


¿Qué dirías de tu etapa con las drogas?
Consumí muchas. Muchas y de todo. Normal. Es otro sarampión que hay que pasar. Aunque hay algunos que no lo superan. En aquel momento, la heroína estaba muy relacionada con nuestra generación. Tuve amigos que cayeron. Y en la banda se consumieron. Pero vamos, que yo no estoy haciendo de aquello ningún drama. Era así. Yo no consumía heroína por una buena razón. Creo que con ocho años en el cole, haciendo revisiones médicas, entonces pasaba un señor y nos sacaba sangre. Todos con la misma aguja. Cuando llegué a casa, caí enfermo y cuando vino el médico de urgencias tenía hepatitis. Estuve 3 meses encerrado en la habitación. Y eso me salvó de las drogas.


Tu hablas abiertamente de las drogas.
Mi padre estuvo una época de su vida, no exiliado, pero sí en un campo de concentración en la zona de Marruecos porque trabajaban allí como esclavos, se aficionó a la grifa. Sin más. Mal que se silencie el tema de las drogas. A la gente joven hay que decirle las cosas como son, porque si no las descubrirán por su cuenta. Entonces, nunca te van a hacer caso pero si que tendrán una guía de que va esto. En ese sentido, yo pertenezco a una generación muy machacada por la heroína. Después, la cocaína. Con la cocaína si que toqueteé, como todos. No hay que olvidar que España era una gran raya de cocaína en esa época que se hacía llamar la España del pelotazo. Eso también ha ocurrido. Estaba en todas partes, porque eso es así. Como ahora. Cada generación tiene su manera de entender las drogas, o de verlas. Hay artistas que cuando dejan de doparse, dejan de escribir. Entonces lo difícil habiendo estado ne este estado, seguir haciendo grandes canciones. Y ahí es cuando entramos en otra dinámica que solo alcanzan los más grandes.
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