El flamenco está lleno de momentos místicos, de esos que cambian el rumbo de la música para siempre. Pero pocos son tan puros y recordados como el día en que Camarón de la Isla, el dios gitano del cante, cruzó su camino con una chiquilla de San Fernando que apenas levantaba un metro del suelo. Esa niña era María Rosa García García, a quien el mundo entero conocería después como Niña Pastori.
Para entender este encuentro hay que viajar a San Fernando (Cádiz), la cuna que compartían ambos artistas. Era el año 1985. María solo tenía ocho años, pero en su barrio ya se rumoreaba que la hija de La Pastori (una cantaora aficionada muy respetada) tenía un duende que no le cabía en el pecho.


Niña Pastori y Camarón afianzaron una bonita amistad desde sus inicios
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Una historia imprevisible
En el Teatro Andalucía de Cádiz se celebraba un festival flamenco y la pequeña María se subió al escenario con el desparpajo de quien juega en el patio de su casa. No cantaba como una niña que imita a los mayores; había algo en su voz que conseguía niquelar a cualquiera que la viera.
Incluso al propio Camarón, quien convertido ya en una auténtica leyenda de la música, quedó congelado al escucharla. Quedó tan impactado que no se limitó a aplaudir. Pidió que la bajaran del escenario y, ante la mirada atónita de los presentes, la subió a sus propias rodillas. “Esta niña va a ser algo grande”, se dice que gritó el maestro a los cuatro vientos. Ya se sabía que era un hombre de pocas palabras, pero con un instinto infalible para el talento real. No se equivocaba.


Camarón moría un 2 de julio, pero de 1992
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Años después
Un 2 de julio de 1992, Camarón de la Isla perdía la vida en Badalona con tan solo 41 años a consecuencia de un agresivo cáncer de pulmón con el que tuvo que convivir los últimos meses. Dejó un vacío enorme pero convirtiéndose para siempre en el gran mito de la historia del flamenco.


Su música es considerada un hito en el mundo del flamenco
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Nada más y nada menos que 34 años después de su muerte, su legado sigue intacto. También, su recuerdo en la memoria de todos aquellos que tanto le quisieron. Especialmente, en aquella niño que le cautivó y ahora su nombre reverbera con fuerza en el mundo del flamenco: Niña Pastori.
La cantante le recordaba en una entrevista tiempo atrás. Una de las muchas veces que lo ha hecho: “Yo creo que Camarón era un ser inexplicable en todos los sentidos. Un cantaor que no tiene definición de tan bueno: el cante flamenco es Camarón, como la guitarra flamenca es Paco de Lucía”, rememoraba con cariño.


Niña Pastori, también, ha tenido la oportunidad de cantar a dos Papas. El último, el Santo Padre León XIV, hace escasas semanas
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Murió joven, pero le dio el tiempo suficiente para conocerlo a fondo. “Es verdad que era tímido ante las cámaras y en las entrevistas se le ve de pocas palabras, pero luego cuando estaba relajado era una persona extraordinaria”. Pastori lo tenía claro, “para cantar así tenía que ser una bella persona”, manifestaba.
Una carrera labrada
Niña Pastori lo tenía claro: había tenido suerte, eso es así. Que el famoso Camarón se fijara en ella fue toda una ventaja, pero su nombre y su música se lo ha labrado ella misma a base de esfuerzo. Sabe que su trayectoria no sería lo mismo gracias a aquel impulso.
“El haberle tenido tan cerca, en mi tierra, y haberle escuchado tantas veces me llena de satisfacción y alegría. Y Alejandro Sanz forma parte muy importante de mi trayectoria y de mi aprendizaje”, indicaba en otra entrevista para ‘El Mundo’. Matizaba, eso sí: “Un empujoncito es muy importante, pero no lleva a sostener una carrera tan larga. Hay que trabajar mucho, sacrificarse y estar todo el tiempo al pie del cañón sin despistarse ni un solo segundo”.


Desde bien joven, Niña Pastori no ha dejado de trabajar
Hoy, con una carrera consagrada y varios premios Grammy en su vitrina, Niña Pastori nunca olvida sus orígenes. En cada entrevista, cuando se le pregunta por sus inicios, recuerda con emoción a aquel hombre de mirada triste y voz de fuego que un día, en un camerino de Cádiz, le dijo al mundo que ella era el futuro del flamenco. El tiempo le ha dado la razón.
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