La princesa Estefanía, hija menor de Grace Kelly y el príncipe Rainiero III de Mónaco, vivió una juventud marcada por la rebeldía. A mediados de los años 80 lanzó su carrera musical con el tema Ouragan, que se convirtió en un éxito internacional, llegando a los primeros lugares en Europa.
A la par de su faceta artística, su vida privada ocupaba titulares: romances con cantantes, actores y hasta guardaespaldas alimentaban la prensa del corazón. La llamaban la “princesa rebelde” porque rompía los moldes tradicionales de la realeza europea.
Su personalidad contrastaba con la imagen reservada de su hermana Carolina y la figura elegante de su madre Grace Kelly. Estefanía representaba la parte más moderna y espontánea de los Grimaldi.
Con el tiempo, se retiró de la música y de la vida pública para centrarse en actividades sociales y en la crianza de sus hijos. Hoy, su figura sigue siendo recordada como un ejemplo de cómo incluso en la realeza hubo espacio para la libertad y la rebeldía en los años 80.
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