El Palacio Real de Aranjuez, en la confluencia de los ríos Tajo y Jarama, no fue una creación espontánea.
Su historia se remonta a la época de los Reyes Católicos, quienes vieron en este fértil enclave un lugar ideal para el descanso y la caza.
Sin embargo, fueron los monarcas de la Casa de Austria y, sobre todo, los de la Casa de Borbón, quienes lo transformaron en el magnífico complejo que conocemos hoy.
Los Orígenes y la Construcción.
A mediados del siglo XVI, el rey Felipe II decide construir un palacio de recreo. Encarga el proyecto a su arquitecto de confianza, Juan Bautista de Toledo, y, tras la muerte de este, a Juan de Herrera, el mismo genio detrás del monasterio de El Escorial.
El diseño inicial, de estilo herreriano, buscaba la sobriedad y la simetría.
Sin embargo, la muerte de Felipe II y los problemas económicos de la Corona frenaron las obras.
Durante más de un siglo, el palacio permaneció inacabado.
Fue Felipe V, el primer rey de la Casa de Borbón, quien en el siglo XVIII retomó con fuerza el proyecto. El palacio se reconstruyó sobre los cimientos del edificio de los Austrias, adquiriendo el esplendor y la grandiosidad del estilo borbónico.
La Corte y sus Costumbres.
Aranjuez no era solo un palacio, era un “Real Sitio”, un lugar donde la corte se trasladaba en primavera y verano.
Este ritual, conocido como “Jornada de Aranjuez”, era una costumbre arraigada.
Durante estos meses, el rey y su familia, seguidos por la nobleza y los sirvientes, se mudaban para escapar del calor de Madrid.
La vida en el palacio era un reflejo de la etiqueta de la corte. Se celebraban banquetes, bailes y representaciones teatrales.
Los jardines eran el escenario de paseos en barca por el Tajo, fiestas y cacerías, una de las grandes pasiones de los monarcas.
Fernando VI y su esposa Bárbara de Braganza amaban la música y el teatro, llenando el palacio de conciertos y óperas.
Los Jardines Reales.
Un Paraíso Terrenal.
Los Jardines de Aranjuez son tan importantes como el palacio mismo.
Diseñados para deleitar a la realeza, son una obra maestra de la paisajística y la botánica. El Jardín del Parterre y el Jardín de la Isla son de inspiración francesa, con sus setos geométricos y fuentes ornamentales.
El Jardín del Príncipe, el más grande de todos, es un ejemplo del estilo paisajista inglés, con sus senderos sinuosos y su variedad de especies vegetales.
En su interior se encuentra la emblemática Casa del Labrador, un capricho neoclásico encargado por Carlos IV.
El Paso de la Realeza
Cada rey dejó su huella en Aranjuez. Carlos III, un monarca ilustrado, mandó construir el ala de las cocinas y los aposentos de la servidumbre, mejorando la funcionalidad del palacio.
Carlos IV y su esposa María Luisa de Parma amaban este lugar por encima de todos los demás. La famosa escena del Motín de Aranjuez en 1808, donde Carlos IV abdicó en favor de su hijo Fernando VII bajo la presión de la multitud, tuvo lugar en este palacio, cambiando el curso de la historia de España.
El palacio también fue testigo de la historia más reciente.
Alfonso XII y su esposa María Cristina lo restauraron tras la caída de la Primera República.
La monarquía y el palacio estuvieron intrínsecamente ligados hasta la proclamación de la Segunda República en 1931, momento en el que la familia real abandonó Aranjuez.
Hoy, el Palacio Real de Aranjuez es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Sus salones, sus jardines y sus pasillos resuenan con la historia de los reyes que lo habitaron, recordándonos la grandeza de un tiempo pasado y la importancia de un lugar que fue el corazón de la corte española durante siglos.
María Natividad Hernando
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