La música latina o, como se llama ahora, los ritmos urbanos, está de moda. Lo vemos con Bad Bunny y su celebrado disco que canta a las raíces, pero también a la nostalgia del amor que se fue y que ya nunca más podrá fotografiar, pero también tuvo su buen momento en la primera década de los 2000 con nombres como DaddyYankee, Don Omar o incluso Pitbull. Entre aquel fervor latino estaba Romeo Santos y su canción ‘Obsesión’, que versa sobre el amor tóxico, una cuestión que siempre ha estado ahí, aunque ahora parezca que nos lo hemos inventado.
Prince Royce vendría unos pocos años después con temas como ‘Corazón sin cara’, pero ambos se quedarían en la escena latina para reinarla. Y así sigue siendo. Por eso, cuando hace unos cuatro años Santos y Royce anunciaron un disco en común, muchos fueron los que enloquecieron. Los mismos, tal vez, que en 2016 esperaban con ansias ver a Romeo Santos en un prometido gran concierto el Palma Arena y que finalmente no pudo ser.
Una década después, el artista saldó su deuda con Mallorca y no lo hacía solo, sino precisamente con la mejor compañía posible, presentando en Son Fusteret ese álbum compartido, convenientemente titulado ‘Mejor tarde que nunca’. El tándem hizo bailar a miles de personas de todo el recinto a ritmo de bachata, a golpe de cadera y con sus melodías suaves, llenas de romanticismo.
No hay gritos en la manera de cantar de ninguno de los dos, sino susurros amorosos, llenos de alegría y luz, pero también con la pena propia del amor no correspondido, de quien se atreve a amar con todas las consecuencias. Ellos lo saben bien, y también sus fans que con el directo sí se permiten gritarlo a los cuatro vientos. Ruidosa y bien esperada fue la aparición de la pareja sobre el escenario.
No era para menos. Las más ansiosas podían entrar en Son Fusteret a las 18.00 horas, pero la entrada general era dos horas después. En cualquier caso, habría que esperar hasta las 22.00 horas para que Romeo Santos y Prince Royce aparecieran encima del escenario, arropados por pancartas, mensajes cariñosos y algunas banderas, especialmente de República Dominicana, Colombia, Ecuador y mención especial para Venezuela.
«Hemos venido a disfrutar»
Juntos aparecieron y respaldados por una banda de más de diez músicos y un despliegue visual de pantallas LED, con atardecer en la playa incluido, los artistas abrieron fuego con Mejor tarde que nunca, el tema homónimo de su proyecto en común, con el que han querido reescribir las reglas de la bachata urbana. «Todos tenemos problemas personales, pero les ruego los dejen en casa. Aquí hemos venido a disfrutar y a derrochar emoción», han clamado, tras las primeras canciones.
Aunque se trataba de eso, de cantar el álbum conjunto, la cita también fue una excusa para repasar algunos de sus himnos individuales, como ‘Recházame’, ‘Darte un beso’, ‘Incondicional’, ‘Propuesta indecente’, ‘Eres mía’ o la versión de la famosísima ‘Stand by me’ de Royce.
Con todo, los fans coreaban con la misma intensidad sus nuevos temas, como ‘Estocolmo’, ‘Jezabel’ que, por cierto, contiene un guiño que no pasa desapercibido en el último verso: «Ni Don Omar se atrevió a tanto», con quien Romeo Santos, como fundador y vocalista del grupo Aventura, cantó la archiconocida canción ‘Ella y yo’-.
Y por encima de todos, ‘Dardos’, una canción que precisamente también versa sobre el amor tóxico, sobre ese caramelo envenenado que puede ser la pareja, esos dardos que pueden acabar con la dignidad. Versos que hemos repetido hasta la saciedad todas las veces que ha sonado, incansable, en la radio. Es, sin duda, uno de los éxitos más conocidos de la dupla que, aunque cantan mucho al amor tóxico, también demuestran que sí se puede querer bien, como han hecho patente este domingo en Palma.
Durante dos horas defendieron sus temas, la mayoría ya convertido en himnos, sin despeinarse y sí, seguramente sudando, aunque fuera infundados en esos trajes elegantes, sobre todo llamaba la atención el de Romeo, que por cierto se marcó unos buenos y sensuales bailes. Y es que, si aparte del romanticismo hay algo que define su propuesta, ese es la elegancia. La elegancia de las letras, sí, pero también de la forma de cantarlas. Como si sedujeran a cada una de las asistentes. Pero en un susurro colectivo, masivo. Pero ahí está la gracia.
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