Un mundo de color al estilo Marta Pazos que recurre al concepto camp; un macro pastel nupcial a modo de escenografía; un reparto de lujo para la más coral de las óperas de Mozart; unos personajes que reaccionan a la química del amor y se transforman cual ingrediente para una tarta… y una batuta vital y rigurosa como la de Giovanni Antonini para la Orquestra Simfònica del Liceu.
Con esa efervescencia presenta el Liceu –del 5 al 21 de junio– el célebre dramma giocoso de Mozart Le nozze di Figaro , una radiografía de la arrogancia de una clase dominante antes de la Revolución Francesa y las consecuencias que todo ello tendrá, como la abolición del derecho de pernada.
Sara Blanch, Adriana González, Andrè Schuen y Luca Pisaroni lideran “el mejor reparto mozartiano”
Esta nueva coproducción con el Auditorio de Tenerife la estrenan en Barcelona la soprano Sara Blanch y el barítono Luca Pisaroni como Susanna y Figaro (en sustitución del anunciado Konstantin Krimmel), además de Andrè Schuen y Adriana González como los condes de Almaviva y de la celestial Julia Lezhneva en el rol de Cherubino. Y eso solo en el primero de los dos repartos que se alternan en 14 funciones. “Es el mejor reparto mozartiano que ha tenido nunca esta casa y que tiene ahora mismo Europa”, asegura Víctor García de Gomar, director artístico del teatro. Todos ellos aparecen vestidos de levadura, de harina, de huevos, de azúcar, de Ferrero Rocher…
“La producción fue un poco chocante al principio. No sabía por dónde cogerlo, pero pronto comenzaron las risas. Es la mayor sesión de risoterapia ver a tu compañero vestido de levadura mientras tú vas de nata y azúcar… Tengo curiosidad por ver cómo reaccionará el público”, dice Blanch.

Las risas, no obstante, están teñidas de drama, siguiendo el libreto de Lorenzo Da Ponte y la partitura mozartiana. Pisaroni, muy versado en el rol de Figaro, se congratula de “la energía fresca y el canto bellísimo” que ha encontrado en esta producción. “Me invitan a sacar lo mejor de mí. Cuando vuelvo a casa no paro de buscar la forma de hacer un personaje humano y auténtico. Y me gusta que he sabido hallar la tristeza y la melancolía en los momentos divertidos y una nota de humor en los tristes. Nos recuerda que la vida es algo serio que hay que saber encarar”.
La tarta nupcial la propone Pazos como objeto estético, un símbolo del disfrute, asegura. Trabajando en este encargo del Liceu se le apareció en su estudio el ensayo de Susan Sontag Notes on ‘Camp’, en el que la filósofa definió lo camp como una sensibilidad estética basada en el artificio, la exageración y el amor por lo antinatural. “Sontag afirma que ser natural es la mas difícil de las poses. Que lo camp es un disolvente de la moralidad. Y viendo una exposición sobre ella en el Met de Nueva York, tuve la idea de maxi lens . Y Max Glaenzel es el escenógrafo que lo sublima”.
He tenido presente el origen del cine, cuyos personajes iniciales provenían del vodevil”
También pensó en un figurinista del mundo de la moda, Agustín Petronio, y con coreógrafo, Andreas Heise, que aportara una esencia. “Cada cantante ha de poder desenvolverse en un marco de plástico y rigor que ellos dotan de alma”, apunta la regista gallega, que ha partido de la idea del payaso que hace gracia por sus circunstancia difíciles, y “he tenido presente el origen del cine, cuyos personajes iniciales provenían del vodevil”. “Uso el lenguaje rítmico de este tipo de comedias pero para contar algo tan dramático como la abolición del derecho de pernada”.
Otra cosa presente en la partitura gentil y llena de modernidad que de valor dramático al libreto es que lo masculino es individualista, agresivo y posesivo y lo femenino es sensible y generoso. “Hay una sororidad entre los personajes femeninos que con esta puesta en escena pone en valor su inteligencia y el hecho de que la solución a sus problemas viene por trabajar en red”, concluye Pazos.
Pazos se hace preguntas que interpelan a las estructuras de poder actuales: sobre la seducción y los límites del deseo de cada individuo”
En definitiva, el Liceu presenta el origen y las consecuencias de una violencia masculina que todos los personajes de la ópera han naturalizado y que solo puede ser contestada con la capacidad de crear redes solidarias que hagan frente a esta violencia. “Pazos –apunta De Gomar– se hace preguntas que interpelan a las estructuras de poder actuales: sobre la seducción, sobre qué significa hoy ser hombre o mujer, sobre cuáles son los límites del deseo de cada individuo”.
Por su parte, Antonini, especialista en clasicismo, regresa feliz al Liceu tras su experiencia con el espectáculo Requiem de Romeo Castellucci. Sus primeras Nozze las dirigió en 2008, en la Scala, y define esta ópera como “un milagro de modernidad cuyo italiano fabuloso es de su tiempo pero también actual. Una ópera bufa en un mundo opresivo de nobles en el que justamente la ópera sufría la censura. Y Mozart la hace divertida pero desde una frialdad. Muestra todos los aspectos del ser humano desde la seriedad. Y, al final, lo que viene a decir es que la vida es un compromiso”.
Mozart la hace divertida pero desde una frialdad. Muestra todos los aspectos del ser humano desde la seriedad”
Sobre su reencuentro con la orquesta, asegura que no ha encontrado problemas. “Tampoco sociales. Encuentro un espíritu casi camerístico de colaboración. En esta ópera el director solo ha de hacer participar, pues cada nota ha de darse con inteligencia y entendiendo que hay un por qué y se ha de servir con todos los detalles”.
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