Diana Spencer se convirtió en princesa en 1981,
pero su verdadero poder fue su corazón.
Llamada “la princesa del pueblo”, rompió
protocolos al abrazar enfermos y luchar por causas humanitarias.
Su vida no fue un cuento de hadas, pero su legado cambió la realeza para siempre.
Murió en 1997… y el mundo nunca la olvidó.
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